Las varias mini-ficciones aquí publicadas están inspiradas en el cuadro (arriba) de Edward Hooper Room in New York, de 1932
La
decisión aplazada
Amalia
Guzmán
La parsimonia se había instalado en ese hogar, todo era siempre igual; él regresaba
siempre a la misma hora del trabajo, se sentaba a comer siempre la misma comida
y por la tarde invariablemente él se sentaba a leer siempre el periódico. Ella me sentaba al lado del piano a intentar
repasar alguna de las viejas lecciones
aprendidas hace tantos años, pero sus dedos estaban rígidos y la faltaba a de
práctica sólo le permitía repasar algunas notas con la mano
derecha mientras que el brazo izquierdo
se recargaba sobre el piano como sosteniendo lo insostenible.
Hoy va a ser distinto, ella
puso su vestido rojo, aquel con el cual cuando él la miro por primera vez le había dicho que era
la mujer más hermosa sobre la tierra. Estaba dispuesta a marcharse a decirle
que ya no soportaba mas y quería que él
la recordara así, como la mujer más hermosa y que no había sabido cuidar. Saldría
a buscar sus sueños que quien sabe dónde se habían perdido, sabía que hay cosas
en la vida que ya no podía rescatar por ejemplo ser una gran concertista, pero al menos lo que quedaba de vida se
proponía disfrutarlo.
Aspiro
aire profundamente y volteo
lentamente a mirarlo e intento abrir la boca, pero sólo alcanzo a
apretar muy fuerte con sus dedos dos teclas del piano como concluyendo la
ejecución de una gran obra, y salió rápidamente de la habitación en cualquier
momento el iba preguntar como siempre… por la cena.
SONATA
Salvador
Viveros Aguilera
El
silencio era denso, como un lastre. A Dulia le dolía la distancia entre los
dos. Acariciaba con ternura las teclas del piano. El “Claro de luna” fluía
cadencioso como cuando se enamoraron ambos con la misma melodía en un verano ya
lejano.
Roberto
leyó el anuncio que Dulia había enmarcado en el periódico, como ajeno a la
melodía y a ella misma. La nota decía: “Se solicita empleado capacitado para
vender boletos en taquilla con sueldo de veinte mil pesos mensuales, dirección:
Madero esquina Mario Molina”. Al ser temprano pensó que llegaría a tiempo para
intentar contratarse, lo extraño era que no había número telefónico.
Desesperado por su falta de ingresos dijo a Dulia que saldría a ver lo del
trabajo. Ella dejó de tocar y sonrió tristemente. Tenía mucho tiempo que vivían
de su sueldo de pianista en la Orquesta Sinfónica.
Roberto
llegó al lugar con un gesto de desconfianza, pero se encontró con una señorita
muy hermosa y bien vestida, quien le pidió amablemente que abordara un taxi que
lo llevaría al aeropuerto, en cuyas oficinas le harían un examen. La bella
calidez femenina y el taxi identificado como de la ruta “Aeropuerto”, lo
convencieron y subió al asiento del copiloto sin dar importancia al pasajero
del asiento trasero, tal vez iba a lo mismo, pensó, además el chofer se veía
muy relajado.
Después
de recorrer algunas cuadras, en un abrir y cerrar de ojos, el pasajero de atrás
amagó a Roberto con un revólver y le dijo que lo liberarían después de que
depositaran cincuenta mil pesos en una cuenta bancaria.
Dulia
recibió la demanda en su teléfono celular. Aterrorizada habló con el director
de la Sinfónica, quien le prestó el dinero y ella puso a su disposición el
piano que tanto esfuerzo había costado pagar.
Por
la tarde, luego de una angustiosa espera, Roberto volvió sano y salvo a su
morada. Entonces la mirada ya no fue tan distante y se abrazaron. Aquel abrazo
los hizo retroceder en el tiempo, y envueltos en la música de Beethoven rieron
y lloraron juntos hasta que la realidad finalmente los ubicó en un fuerte abrazo;
pero la desolación era intensa.
Karina Itzel Trujillo Ramírez
La Noticia
Era un día lunes por la mañana. Dos recién
casados estaban en la comodidad de su sala esperando como cada día el periódico
cuando de repente, el periódico llegó. El esposo empezó a hojearlo, mientras
ella se sentó a tocar el piano ubicado en la sala de su hogar.
Él se
preocupó al leer en el diario, que la
compañía donde trabajaba había quebrado, y anunciaba a los trabajadores que
estaban despedidos. Empezó a temblar y a sudar frio. Su rostro reflejaba
angustia y dolor. Por su cabeza brotaron miles de pensamientos; sobre todo, los
que anticipaban la posible reacción de
su esposa ahora que él se encontraba sin empleo.
--¡Me va a dejar!, ¿cómo haré para mantener
esta casa? y ¿a que me dedicaré ahora?-- pensaba él. No aguantó más y lloró en
silencio; mientras la esposa había empezado a tocar una melodía con la que
ellos se enamoraron; poco después, giró para
verlo y le observó
desconsolado, pero continuó tocando la hermosa pieza.
Finalmente, él
sintió valor, y decidió contarle
a su esposa la noticia de su despido. Se levantó de su asiento y camino hacia ella, pronto le dijo con voz quejumbrosa ---para de
tocar, ¡voy a hablarte sobre una mala
noticia!
Ella dejó de tocar, lo miró fijamente a los
ojos y le dijo –lo sé, se que te quedaste sin empleo; lo supe desde la semana
pasada que te quedarías sin trabajo. Pero sabes… no importa, yo encontré un
trabajo para tí; envié tu curriculum a varias empresas y ya fuiste aceptado. Si
toqué nuestra melodía es para alegrarte un poco y demostrarte que saldremos
adelante con mucho amor—luego lo abrazo.
Él, conmovido por el esfuerzo de su mujer, le
abrazó y pidió que continuara tocando el
piano. Pasaron las horas y ellos
disfrutaron de su música hasta la madruga.
EL
CUARTO
Alberto
Porrero
Aparentemente
en éste cuarto no pasa nada; la paz mas absoluta a que se puede aspirar, se consigue aquí.
Su y
Yo, buscamos éste refugio sobre todo en las tardes-noches, donde nos relajamos.
Yo,
leyendo el periódico, Ella, tocando el piano.
Los
dos platicamos de lo que hicimos en el día, y nos preparamos para pasar a cenar
al comedor, después a la cama, y al día siguiente intentar ir al trabajo;
aunque solo podemos dormir unas horas, y no las siete u ocho, que exige el
cuerpo para esos menesteres.
Una
vez cerrada la puerta, cuando salimos los dos, el cuarto se llena. ¡Si, ! el cuarto se llena de ruidos, a veces
de golpes, otras de gritos de personas, aullidos de animales, todos en un tono
de desesperación. Las notas del piano son de toda la noche, supongo que
acompañadas de parejas que van de una lado al otro del cuarto, mostarndo sus
mejores pasos de vals.
Nos
da miedo abrir la puerta, no lo hemos hecho nunca, algo sucede ahí dentro.
Al
día siguiente, con luz, por la mañana, entro al cuarto, y lo primero que
percibo es el olor a cedro quemado, producto de la fogata que enciendió, ó
encendieron, El, o Ellos, o Ellas, o nadie, pero que encendieron, y aún mas,
que los troncos quemados, a punto de desaparecer están ahi, si, en la chimenea,
ya sin fuego.
Después
veo que los cuadros se han movido, la cortina se agita y la ventana está
abierta.
Por
la tarde-noche todo estará en Santa Paz.
Crisálida
Doña
Clemencia se llenaba la mirada al ver tras sus tenues cortinas a aquella
deseable parejaque lucía en la ventana de enfrente, sus oídos se deleitaban con
frecuencia con las notas del amoroso compañero de aquella mujer. El diario era el
escape perfecto para él, y el mejor aliado para su pulcra imagen.
Pero
hoy la ausencia de Clemencia, se aunaba al borde de la locura de ella, proyectándose en ambas ventanas del
tercer piso de los edificios rosa.
“¡Una
vez más sumergido en sus maquinaciones sin saciedad!, primero sus ganancias, luego el poder y el placer.¿Hasta dónde
llegará hoy conmigo? Seguro querrá más de lo que su dinero compra en susselectas
citas. Cada marca en el diario me vuelca el estómago, pero más lo desgarra
cuando hurga sin amor cada espacio de mi
piel. Sus huellas me laceran hasta la médula”.
“Abandonarme
a él una vez más en afán de satisfacer al mundo acabará por llenarme las venas de hiel, ¡Basta!”.
“La
extraña ausencia de Clemencia me atrae al borde de la ventana, una tensa calma
me invade, todo en paz, el vacío me provoca,puedo sentir mis alas, como la
mariposa que rompe la crisálida y una
fuerza instintiva la lleva a extenderlas y volar. Me lanzo a la libertad….”
“Descubro
un nuevo mundo, es blanco, pero no es el paraíso…Siento una mirada, es la mirada de Clemencia, está enfrente, pero ahora
detrás de una burbuja de cristal…Veo mi cuerpo, pero no lo siento, mi espíritu en libertad…”
INDIFERENCIA
Gudelio S. Escamilla
Después de seis meses, la indiferencia aumentó
progresivamente. Esa noche después de cenar. Pablo se introdujo en un breve
artículo, pretexto ideal para evadir una conversación y distraer su mirada ante
la presencia de su esposa. Claudia se sumergió en la profundidad de cada tecla
del piano. En el “fa” sostenido encontró a Fabián, su amor de la facultad de
artes, quién más de una vez, le dijo:
__El rojo te va bien. Tu belleza resalta, tu cuerpo me
apasiona.__
Su índice tocó el “re” sostenido. Recordó cuando su
cuerpo fue liberado de su vestido rojo y enloqueció a su amado músico. Esas
tardes de pasión terminaron ante la repentina partida de Fabián.
Su pensamiento regresó a la tensa habitación, por el ruido
del periódico se percató que Pablo seguía presente. No lo miró, temía iniciar
otra discusión interminable, una cadena más de reproches.
Volvió al teclado,
no le era necesario hablar. Encontró la forma de huir hacia los brazos de su
amado. El piano, un pretexto perfecto para evadir la absurda decoración de la
habitación. Y olvidar a Pablo.
Yacía
un señor sentado en su sillón rosado, junto a la mesa en la que todas las
mañanas leía el periódico. Ya estaba vestido con su traje negro y únicamente le
faltaba el saco.
Aún
no era tiempo de ir a trabajar, y ya que no contaba con gran ánimo para leer
íntegramente el diario, pasó directamente a la sección de finanzas en cuanto
tomó el periódico.
Su
rostro se llenó de horror y algo así como un escalofrío corrió por su nuca al
leer el titular de una nota que afirmaba que su empresa estaba quebrada. Él no
sabía cómo ni cuándo pudo pasar semejante cosa, y se apresuró a leer el resto.
Al finalizar, dio cuenta de todo y reparó en todas las arriesgadas (y al
parecer erróneas) decisiones que eligió en los últimos meses.
A
pesar del silencio en el que el hombre se encontraba releyendo la noticia
fulminante, no notó que su esposa entró en la habitación. Era bella y llevaba
puesto un vestido fino y largo color polvo de ladrillo.
Al
entrar, ella miró que su marido se concentraba en el papel, quizás más que de
costumbre, y se sentó sigilosamente en el banquito del piano. Recordó lo mucho
que había deseado aprender a tocar aquel piano de la casa, y también repasó las
negativas de su esposo al respecto.
Ante
el oportuno silencio, tocó suavemente una nota con su índice y luego hizo lo
mismo con otra. Sin saber tocar el piano ella había logrado componer en sus
tiempos libres una pieza, simplemente memorizando el orden de las teclas. Pasó
horas practicándola, recordándola y reconstruyéndola cuando su memoria fallaba.
Él
salió de su trance al escuchar la melodía y al voltear se sorprendió con el
desconocido talento de su mujer. No pudo evitar pensar en lo maravillosa que
sería ahora si le hubiera costeado las clases de piano años atrás.
Cuando
ella terminó lo miró sonriente. Él le sonrió de vuelta.
Tomó
muy malas decisiones los meses pasados, pero ya no más. Estaba decidido a
cumplir el sueño de su esposa. Entonces se levantó abruptamente, rompiendo el
periódico por la mitad.
La espera
Calixto Azuara
Mendívil
Arturo
ya no me quiere y me lo hace saber ostentosamente, sin palabras. En casa elige
ocupaciones que me excluyen de su mundo: lee el periódico o un libro, oye la
radio, ve la televisión, lava o arregla el coche.
Con
todavía alguna esperanza de que alguna vez sea diferente, le espero por las noches
las veces que no me ha avisado por teléfono que llegará tarde. Preparo la cena
pensando en lo que a él le gusta, me cambio la ropa de oficina por algo más
cómodo y que le pueda ser atractivo, y retoco levemente mi maquillaje.
Hoy
me puse el vestido rojo que alguna vez me dijo le parecía sensual, me senté
frente al piano y de manera distraída posé mis manoseen sus teclas, repasaba
sin darme cuenta una tonada de moda cuando nos conocimos; de pronto se apoderó
de mí una leve nostalgia, imposible en ese estado no pensar en lo que era antes
de casarme con él y en lo que ahora soy.
A
su llegada hice un esfuerzo por apartar de mi rostro cualquier asomo de
melancolía, le sonreí para hacerle saber que como siempre me alegraba su
presencia. “Estoy cansado”, me dijo, “tuve un día muy difícil en la oficina,
comí algo por el camino. Discúlpame, voy a leer el periódico”.
Ahora
lee el diario con tanta concentración que para mí es como si me gritara: “ya no
me interesas”.Sentada frente al piano tengo la sensación de vivir una pesadilla
de la que debo despertar. Si, debo hacerlo. Me pongo de pie, le miro ajeno, ya
muy lejos de mí. Debo desaparecerlo por completo: “Vete a la mierda”, le grito
en silencio con toda la fuerza y el odio de que soy capaz, y salgo a la calle.
La
pequeña habitación
Eduardo Alberto Chávez
García
En
una oscura y pequeña habitación se encontraban el Sr. Hopper y su bella esposa Amanda que siempre por la
tardes tocaba el teclado mientras su esposo leía el periódico, reuniéndose
siempre con su esposo siempre en la habitación subterránea del hotel del cual
eran dueños, solo bajaban diez escalones que llevaban del sótano a la
habitación y ahí se reunían románticamente, sin embargo esta ocasión era
distinta porque si bajabas prácticamente podrías sentir la tensión y enseguida
se detectaba el odio y la mala vibra que había en esa habitación. Pasaron las
horas y ninguno de los dos esposos decía una sola palabra, abrumado el Sr.
Hopper trato de salir de la habitación, pero no pudo por que había una gran
caída que llevaba hacia un lago de lava, pues estaban en el haberno le comento
preocupado a su esposa y su esposa desesperada abrió la puerta y se tiro al
lago de lava, el Sr. Hopper se sentó frustrado por su perdida y miro hacia
arriba, así fue como se dio cuenta que había un conducto de ventilación que lo llevaría
de regreso al hotel, escalo y se deslizo por el conducto de ventilación muy
bien y cundo lo abrió para caer callo en el lago de lava. Segundos después
despertó y se dio cuenta de que todo fue un sueño y por eso hizo un cuadro,
para recordar que siempre debe valorar la vida.
Fin
La
noticia
Gabriel
Alejandro Valencia Torres
Lola
pinto sus labios, se peinó como le gustaba a Martín y coronó su arregló con el
perfume de violetas que era el preferido de él. Su vestido carmín hacia brillar
la textura blanca de su piel, la cual
también era limpia y tersa.
A
las 8 llega Martín, y había estado nerviosa todo el día. No sabía “como iba a
decirle”. Tenía que preparar el terreno, lo que le diría no sería fácil.
Siempre había problemas con esa persona, pero ni modo, Martín tenía que
comprender.
Al
fín llegó, el beso acostumbrado de bienvenida, “¿como te fue?, ¿Qué tal el
tráfico?, ¿tienes hambre?” Martín se quitó el saco, tomo el periódico y ella se
sentó a su lado, ahí donde estaba su piano
Pensó
cual sería el momento indicado, se atormentó por saber como reaccionaría,
aunque por otro lado ella siempre entendido sus llegadas tarde y que dejaba sucio
el lavabo después de afeitarse. “Martín, porque no puedes dormir de un solo
lado de la cama, no te cruces de esquina a esquina como una garrocha”.
Pensándolo
bien, debía ser cuidadosa, ya que cuando quemó su saco favorito cuando lo
planchó pues no hubo problema, ni cuando la sopa quedo salada como agua de mar
y qué decir del día que ella estaba enferma y le vomitó encima antes de irse al
trabajo. No, el asunto se lo debía decir tranquila.
Al
verlo ya sentado con el periódico en la sala de la casa, no pudo más, era hora,
suave y sutil: “mi madre vendrá a vivir con nosotros… “
Alteraste
mi vida
Irma
García León
No
puedo decir que llegaste a mi vida de manera inesperada, pero tampoco puedo
decir que fue algo planeado, ya que eso implicaría que tenía todos y cada uno
los detalles finamente calculados. Lo que sí puedo decir es que cuando llegaste
cambiaste mi vida por completo, a veces poniéndola patas arriba, y a veces dándome momentos lindos y tiernos,
básicamente cambiaste todo a tu paso, pero en ningún momento me he arrepentido
de que llegaras a mí.
Todo
inicio un viernes primero de agosto de 2008, no espera, en realidad inicio un
poco antes, una o dos semanas, fue cuando por primera vez consideréla idea de
tenerte. Te explicaré el porqué, mi vida estaba cambiando, mi hermana mayor se
iba fuera a estudiar la universidad, esto era extraño para mí, ya que toda mi
vida la había pasado a su lado, pues al ser solo un año mayor que yo crecimos
muy unidas.
Fue
entonces cuando me hice el propósito de tenerte, sabía que no iba ser fácil,
para iniciar, tenía que convencer a mi padres de que aceptaran la idea, para
ello utilicé mi gran poder de persuasión, es decir, molestar y molestar a todas
horas, al levantarme, a la hora de la comida, antes de acostarme, y en
cualquier otro momento.
Después
de algunos días de llevar a cabo mi labor de convencimiento, logré
desesperarlos lo suficiente,para que accedieran, a condición de que si no
encontrábamos ese día, ya no molestaría más. Fue entonces cuando, después de
recoger a mi mamá del trabajo, dirigimos el auto hacia el lugar donde
buscaríamos.Habían muchos pequeños, diferentes entre sí, pero todos muy lindos,
algunos más grandes, algunos más pequeños, ahí te vi, sentada en ese pequeño
espacio, mirando a todos lados, con tus ojos curiosos, eras tan pequeña y tierna
que inevitable me acerqué a ti, cuando se dieron cuenta de que te observaba, te
pusieron en mis brazos, fuiste cariñosa e inmediatamente sentí que debíamos
estar juntas, y creo que tu sentiste lo mismo, ya que cuando mi mamá dijo que
te regresara a donde estabas y que iríamos a buscarte otro día, ya que esperábamos
pasar el fin de semana fuera de casa, empezaste a llorar, a gritar, como
diciendo no me dejes, y fue así como nos convenciste.
Tu
primer día en mi vida fue diferente, para empezar, te llevamos con nosotros a
una plaza comercial, ahí entraste conmigo al probador de ropa, y como estaba
más al pendiente de cuidarte que de la ropa que me ponía, me compré unos
pantalones grandes. De ahí fuimos a cenar al café, pero al parecer tú estabas
muy cansada, pues dormiste todo el rato en mis piernas. Cuando por fin
regresamos a casa te dedicaste a explorarla por completo, entrabas por un lado
y salías por el otro, incluso llegaste a quedarte atorada.
Al
día siguiente, me levanté temprano para verte y me di cuenta del desorden que
habías hecho en la casa, rompiste una que otra revista y ensuciaste todo lo que
pudiste, pero cuando me viste tus ojitos se iluminaron y mostraste una gran
alegría, que no pude enojarme contigo. Fue entonces, cuando me di cuenta de que
todo había cambiado, ahora tenía una responsabilidad más y una muy grande, ya
que no paraste de hacer destrozos, rompías las sandalias, le rompiste un cable
al coche y también a la bomba del agua, además de que siempre ensuciabas todo.
Poco
a poco, empezaste a comportarte mejor, aunque siempre te ha gustado molestar y
a veces asustar gente, pero sigues siendo tierna, cariñosa (con los que te caen
bien) y a veces un poco mañosa, pero no puedo culparte por eso, después de todo,
fue así como llegaste a casa.
Puedo
decirte que por mucho trabajo que me des y aunque a veces seas desobediente, no
te cambiaría por nadie, pues para mí no solo eres mi perrita, sino parte de mi
familia, es por eso que te quiero mucho tiempo a mi lado, quiero que tengas tus
bebés y que conozcas a los míos, que estés en mi boda y que cuando llegue el
momento de decir adiós, pueda estar satisfecha porque te di todo lo que pude, y
porque tuvimos una buena vida juntas.
Teresita Moreno
— Lamento lo que te comenté, pequeñita mía, pero la situación del país con la invasión del enemigo nos obliga a emigrar y, entre toda esta amargura, dejar también tu piano.
— Pero papá… ¿no habría alguna manera de que lo saquemos y poder llevarlo con nosotros? Fue de mi abuela, de mi mamá, y yo lo disfruto tanto al igual que mis hermanos.
— Hija, hijita querida. Te he ocultado la verdad hace ya bastante tiempo, pero las circunstancias que prevalecen en estos momentos son por demás dramáticas. He de decirte que los Galab, que permiten que vivamos en su propiedad, nuestros amigos queridos… fueron llevados ayer por las Fuerzas Secretas. Oí el llanto del pequeñito a eso de las 3 y pico de la mañana. Pero al amanecer, al bajar para ir al trabajo, todo su piso estaba destruido, y me di cuenta porque la puerta estaba abierta y las miradas de los vecinos fueron más que elocuentes. En pocas palabras, y sin más rodeos: tenemos que huir, ya que al igual que ellos, también somos judíos.
— ¡Nooooo, papacito lindo, noooo…! ¿Qué haremos?, ¿cómo?, ¿cuándo?
Su papá guardó silencio y gruesas lágrimas cayeron sobre su rostro ajado.
— Pero no llores papaíto, mira, yo ya no lloro, ya mis ojitos están secos. El piano no me interesó nunca… dime, habla, cómo y cuándo lo haremos, qué quieres que llevemos. Cuenta conmigo, soy la mayor así que dime qué hacer, ya que desde que murió mamita, estoy a tu lado y al lado de mis hermanitos. Solamente dame instrucciones que ni el mejor soldado del mundo las seguirá tan rigurosamente como yo.
— Hijita, yo pensé… no, estoy equivocado, no imaginé que tu respuesta fuese tan incondicional… gracias, gracias por estar a mi lado y gracias a Dios por haberme dado la invaluable familia que tengo.
— Anda mi pequeñita, vamos de prisa, que te diré qué hacer.
SPLEEN
Pío Domingo Rosales Sena
Como la habitación austera de la casa, así es mi matrimonio. Finjo que leo y me encierro en la indiferencia musical. Ya no aguanto más esta situación. He decidido llenar de color mi existencia gris.
Hoy igual que todos los días, el frío envuelve nuestras vidas. Él, en su periódico, yo, jugando con las teclas del piano. El spleen me está matando… No soporto este ambiente. Como el día termina con la noche, he decidido terminar con mi vida.
Una voz de distancia rompe el silencio:
.. Amor, necesito que hablemos.
Contestó una voz metálica:
.. Sí, habla.
El vacío de la habitación se lleno con el sonido sombrío de la soledad. De pronto, el silencio es rasgado por una pregunta monótona:
.. ¿Qué cenaremos hoy?
De lo que se queda en la garganta
Adriana Quezada Casanova
Estaba desayunando tranquilamente , cuando empezó a sentir que algo le molestaba para pasar la comida, hizo poco caso de la situación y se integró a la plática con sus compañeras, comentaban de los alumnos, del que no pone atención, del que no trae las tareas, algunas de las maestras coincidían en los nombres, siempre eran los mismos , la maestra Estela decía que Manuel andaba de drogadicto y que no sabía cómo se le iba a ayudar a ese muchacho, ni su papá ni su mamá venían cuando se entregaban boletas, los citatorios nunca llegaron firmados.
La maestra dejaba su trabajo cerca de las dos treinta, se subía a su carro gris y pasaba por su pequeña Ananda, inquieta, traviesa, espontánea, como cualquier niña de siete años, esperaba a que llegara su esposo para comer juntos. Mientras comían volvió a sentir la molestia y le comentó a su esposo,- no sé qué sucede, no logro pasar la comida con tranquilidad, parece que se atorara en la garganta.
-deberías ir a ver a tu doctora,
-sí creo que voy a sacar unas cita esta tarde.
Después de lavar los trastes, se sentó con su hija a hacer la tarea, la niña era sumamente nerviosa siempre se comía las uñas, cuando veía tele y en momentos como este haciendo la tarea, pero la maestra siempre estaba atenta a quitarle las manos de la boca. Se retiró un momento y marco al consultorio de la doctora Nuñez, ellas tenía trabada una gran amistad de tiempo atrás, tenía mucha confianza en ella pues practicaba la medicina alternativa, trataba de sacar al paciente con medicina naturista, homeópata, imanes, ahujas, etc., lo último que recomendaba era una sustancia química alópata. La maestra se apresuró a vestirse y pasó a dejar la niña con su abuelita.
Cuando llegó al consultorio no había nadie en la pequeña salita de espera, adornada con una lámpara china, y los posters del cuerpo humano, indicando los meridianos; al abrirse la puerta la doctora pudo verla sentada y le dijo ¿Cómo ha estado maestra? - Pues míreme aquí otra vez
-¿Y ahora qué le pasa?
-Eso, es lo que quiero que me diga; la doctora le indicó con la mirada, la camilla, la maestra se aprestó a subir el pequeño escalón para acomodarse, la doctora se colocó a los pies y empezó a manipularlos, bien, se quedó mirándola de pies a cabeza, no tiene nada, entonces la maestra le preguntó -¿ por qué no puedo comer a gusto? No puedo pasar la comida tranquilamente, parece que hay una obstrucción en mi garganta.
La doctora puso sus ojos sobre la maestra y ella exclamó ¿y?
-maestra usted sabe lo que pasa, le voy a poner unos imanes y se me queda recostada 10 minutos, ahora vengo.
Cuando llegó a su casa, la maestra le comentó a su esposo que la doctora no había encontrado nada, a lo que el esposo contestó – No te preocupes vieja, es el estrés.
Esa noche la maestra durmió poco, preocupada por lo que pasaba con su garganta.
El servicio médico que tenía por parte de su trabajo no la estaba atendiendo como debía.
Un día mientras daba clase le sorprendió un palpitar acelerado, parecía una taquicardia, no lo pensó dos veces, solicitó un permiso y se fue rápidamente a la clínica, la atendieron en urgencias, le sacaron un electro y una placa del tórax, el enfermero encargado de hacerlo le entregó todo en un sobre y le dijo: - saque otra cita ahora para que le digan qué tiene, estos estudios pierden vigencia rápidamente. Después de dos horas fue atendida por medicina externa. El médico pregunto lo de rigor – Su nombre, - Lucero Ananda Fernández, ¿edad? - 35 años - qué le pasa
-Mire hace tres horas estaba en mi trabajo cuando de repente me empezó a latir fuertemente el corazón, en urgencias el médico ordenó esto, -al momento que mostraba al médico el sobre con la placa de tórax y el electrocardiograma, -quieren que lo evalúe, el médico sacó la placa del sobre y la paso por enfrente de sus ojos, sin detenerla, sin escudriñar, sin observar con detenimiento, como lo hacen muchos médicos en esa clínica, volteó y miró a la maestra: - no tiene nada, todo está bien, - ¡y el electrocardiograma?, preguntó incisivamente la maestra, el médico extendió la tirilla de papel y lo observó, tan rápido como lo hizo con la placa y otra vez volteo a verla _ no nada, no se ve nada anormal, el rostro de la maestra estaba inexpresivo, no sabía qué decir, por lo que el médico procedió a decirle : -está bien, pero para su mayor tranquilidad la voy a enviar con el internista, pase para que la anoten. La maestra pidió la cita, le dijeron que no había hasta diciembre, la anotaron para el 29, salió irritada, confundida, pensativa, al llegar a casa su esposo y la niña preparaban un cereal, con leche fría, los saludó con un fuerte beso en la mejilla.
Llegó la fecha esperada y después de estar en la antesala por más de una hora, salió una enfermera con su traje blanco, bien planchado y unos zapatos que relucían con su uniforme, se dirigió a todos los pacientes y le dijo: todos los que tiene cita con el internista pasen conmigo, al momento se levantaron 4 personas, incluyendo a la maestra, les dijo que el médico internista estaba en cirugía y que no iba poder atender a sus pacientes, por lo tanto había que pasar a recibir la nueva cita, la maestra se mostró impotente, descompuesta, no podía creerlo esperar dos meses para que le dijeran que no hay cita. Indignada se apresuró a alcanzar a la enfermera y le dijo ofuscada – A no señorita, yo vine por mi consulta y no me voy hasta que el médico me atienda. La enfermera acostumbrada a estas escenas le contestó, -usted tiene todo el derecho de reclamar suba a la subdirección y exponga su caso, yo no pongo las citas. En la subdirección una mujer la atendió. Le dieron la cita ese mismo día en la noche, pero la historia se repitió, cansados de esperar en urgencias ella, su esposo y la pequeña Ananda dormida se retiraron del hospital.
La situación estaba complicándose, por recomendación de una compañera, la maestra decidió ir con un internista particular, el cual al oír la descripción cuidadosa de los síntomas, le dijo, lo que ningún médico le había mencionado: - Se llama ERGE y le dio un folleto para que leyera, ella lo observó , el médico continuo:- en otras palabras se llama reflujo, usted tiene sobrepeso y no le haría mal bajar unos kilitos, el doctor indicó tomar unas pastillas para reducir de peso, le pidió un ultrasonido de hígado y vesícula, para descartar cualquier otra cosa, le sugirió a la paciente caminar y cambiar la dieta.
Nuevamente regresaba a casa, pero un poco más tranquila, conociendo el diagnóstico, sin embargo por la noche, la mente no descansó y le lanzaba preguntas ¿Exceso de peso? Si mi mamá tiene más de 30 kilos arriba de su peso y le pones un exquisito plato de entomatadas, frijolitos refritos y carne asada y se lo come con toda tranquilidad, sin ningún atoro, -bueno- se contestaba: -cada organismo es diferente, no tardó en hacerse el ultrasonido y regresar con el médico, ya había pasado un mes y el doctor esperaba, por lo menos 2 kilos abajo, le llamó a su asistente y le dijo que sacara un poco de sangre para ver los niveles de azúcar, todo parecía en orden, esta vez, el médico se dirigió a un block y arrancó una hoja, -siga esta dieta y nos vemos el próximo mes. Después de consultar al mismo médico durante 5 meses y no ver mejoría decidió volver con la doctora, por lo menos ella le ofrecía medicamentos naturistas y la oportunidad de hablar de cosas de la vida y relajarse un poco, eso la mantenía distraída del asunto, necesita hablar, esa era la recomendación de la doctora. Después de un año la maestra ya había bajado 15 kilos y sin ningún medicamento reductivo, ¡¿qué está pasando!? Se preguntaba en la oscuridad de su cuarto, cuando ya todos dormían. Las diversas actividades con su pequeña, la llegada de una tía que enfermó y a la que hubo que operar de emergencia, complicaban la vida de Lucero, su tía había vendido a visitar a su mamá, pero en el transcurso de su estancia, le dio una peritonitis, hubo que hospitalizarla, operarla y luego ayudarla en la recuperación, sus hijos, en el sur a 12 horas de distancia, todos trabajando y despreocupados de la vida de su madre, se les hizo cómodo dejar todo en manos de Lucero, así era el día de la maestra, recoger a su hija, visitar a su tía recién operada, en terapia intensiva, hacer la comida, tratar de comer y convivir con la familia un poco, llevar a la niña a natación, limpiar la casa, atender a sus padres.
Una noche, se dirigía a la computadora, cuando se desvaneció y su esposo alcanzó a sentarla en una silla, después de volver en sí, su esposo le dijo : -nos vamos a la clínica del Dr. Juárez, ella estaba distante, ida, cuando llegó a la clínica, el doctor dijo que era necesario hacer una endoscopía, -en 20 minutos se desocupa el quirófano, no se preocupe. Los resultados no tardaron, un video mostraba el estómago cerrado. - ¿Qué clase de vida está llevando su esposa que el estómago está cerrado?, debe haber mucho estrés,- dijo el médico, - si mucho, contesto el profesor, el trabajo en la escuela se ha duplicado. Cuando llegaron a casa el profesor le dijo a Lucero: debes llamar a tus primos, tú no te puedes hacer cargo de tu tía, debe venir alguien por ella. Lucero estaba adolorida de la garganta, en ese tiempo perdía por lo menos 2 kilos al mes sino es que más, la comida ya no pasaba, el líquido con muchos problemas, y su esposo molesto porque la endoscopía no había servido de nada, sin darse cuenta, de pesar 80 kilos ahora pesaba 58 sus compañeras de trabajo le preguntaban qué tomaba, pues estaba muy delgada, que ya con eso era suficiente. Un día estando en la sala de cómputo pasando una lista de calificaciones, entró su esposo, muy sigiloso y le dijo en voz baja y al oido: -afuera hay una señora, dice que quiere ir a la casa, -¡a la casa! ¿A qué?, -parece que es curandera, la maestra se quedó pensativa, -¿tú la contrataste? Inquirió Lucero, - no, tu bien sabes que no creo en nada de eso,- bueno, que vaya creo que como estoy, ya nada pierdo. La señora quedó puntual de llegar a las cuatro, los 3 se quedaron esperando en la mesa, la pequeña Ananda tenía que hacer un trabajo de la escuela y el maestro se dirigió a Lucero: - creo que ya no vino, voy con la niña a la papelería. Lucero se quedó en la cama, para entonces, la poca comida que lograba pasar le provocaba mucho esfuerzo y gran cansancio, las más de las veces vomitaba lo que alcanzaba a ingerir, parecía anoréxica todo eso la hacía dormir profundamente. De repente se oyó un golpeteo en la puerta : -¡Por Dios Lucero!, esta señora lleva rato tocando la puerta , ¡qué no oyes!, -era su mamá ,vivía enfrente, y estaba poco acostumbrada a visitar a Lucero. La señora venía acompañada de su esposo, vio a la maestra, le dijo que no se preocupara, le pidió un vaso con agua y un huevo, en la mano llevaba albahacar, y mandó a su esposo a traer una loción a la farmacia. La maestra estaba muy delgada, mareada por el calor de julio, después de pasar la hierbas por el cuerpo de Lucero depositó el huevo en el agua, entonces la señora procedió a leerlo: - esto no es una enfermedad, es un trabajito se lo hizo una persona güera, alta, tiene dos hijas y además mucho coraje contra usted, esto no se quita con médicos, no se preocupe hoy por la noche o mañana en la mañana estará vomitando, no se asuste de lo que vomite. La señora se fue, Lucero al momento de darle las gracias le preguntó por sus honorarios, doña Carmen dijo que no era nada que regresaba en un mes. Lucero se quedó sentada, a la entrada de la casa, sorprendida, extrañada, pensativa, su esposo llegaba con la niña, Lucero se le quedó viendo a su esposo y le dijo : -pues resulta que todo esto es un trabajito, ¿cómo ves?, nunca me paso por la cabeza nada de esto, y menos que alguien de la propia familia lo hiciera. Después de dos vistas de doña Carmen, la salud de la maestra mejoró, siguió visitando a la doctora, al gastroenterólogo y con ayuda de todos y de su actitud positiva va mejorando.
IMPACTO
Jaime Darío Ladrón de Guevara Zárate
-Triple salto mortal…triple salto mortal-, su mente repasaba el anuncio del animador -triple salto mortal…triple salto mortal-.
Susana, desde niña, admiró a las trapecistas y nunca desistió de su propósito de llegar a ser una de ellas, su persistencia fue notable a pesar de los exigentes entrenamientos y el peligro presente todos los días. Cuando conoció a Raúl, ambos eran muy jóvenes, se entendieron rápido, no obstante que le pareció un poco irascible por momentos y celoso sin motivo en ocasiones, aunque ahora le parecía un hombre atemperado.
La obscuridad los acompañaba allá arriba, pero eran seguidos por los reflectores que se empeñaban en descubrir las facciones de uno y otro; Susana, de cuerpo delgado y abundante maquillaje en su cara blanca resaltada por largas pestañas, vestía un traje rojo brillante, y Raúl, de complexión mediana y fortaleza evidente en su torso desnudo, un pantalón blanco resplandeciente y muñequeras del mismo color en los brazos.
Susana recordaba ocasiones en que el público era escaso, y entonces se preguntaba si tendría sentido arriesgar su vida por complacer a unos cuantos niños nerviosos acompañados por sus papás, pero siempre al terminar el triple salto mortal, sentía que el número había sido necesario para el espectáculo y para su propia felicidad. Tenía fresca la imagen de la primera vez que lo realizó con éxito, después de muchos entrenamientos y caídas a una amplia red, con el consecuente sobresalto y aceleramiento de su corazón.
Las manos le temblaban imperceptiblemente y estarían mojadas de sudor de no ser por la brea, no podía evitar el nerviosismo de siempre. Raúl le sonreía guiñándole el ojo, muy seguro de sí mismo, como si tratara de contagiarla de confianza. El tamborileo de suspenso propio de estos actos en donde se arriesga la vida no tardaría en iniciar.
Ésta no era la primera vez para Susana Roth, y sin embargo podía ser la última. -El maldito recorrer mi vida en instantes como si fuera a morir ya se ha hecho costumbre- pensaba ella con enojo. -Bueno, que importa la angustia si después vendrá el aplauso que me dejará complacida- Sentía como le volaba el pelo por el vaivén del trapecio y percibía la expectación del público como si estuviera en un asiento junto a ellos; para Susana sus miradas fijas eran un apoyo, a pesar de la distancia, casi tan imprescindible como los músculos de su compañero.
La sensación de ver acercarse y alejarse las cosas tan rápidamente, el cosquilleo en el estómago y el aire chocando con su cara, todo para ella habitual, es casi privilegio exclusivo de los niños.
De repente se sintió en el aire con las manos extendidas buscando asirse a las de Raúl; en fracciones de segundo supo lo que iba a pasar, al mismo tiempo que su corazón latió, como queriéndose salir del pecho, espantado por el aire frío que la acompaño hasta el momento de un ruido estruendoso que marco el final de la música y el compás de los gritos del público.
Noema oculta algo
María Elvira Santamaría
María Elvira Santamaría
Con exagerado sigilo, Noema caminó tres pasos dentro de la casa y se detuvo para asegurarse de que nadie estaba en la estancia. No había hecho ruido al entrar y esperaba que la tía Ofelia no se hubiera percatado de su llegada. Le urgía guardar el pequeño envoltorio que llevaba en su mano derecha antes de ir a saludarla a su cuarto.
Qué trabajo le costaba pisar suave y moverse rápidamente con esos zapatos de plataforma y ese cuerpo tan pesado que le había valido un montón de apodos en la escuela secundaria. El último sobrenombre se volvió tan familiar para ella que respondía a él como lo hacía a su nombre: 'Fanti', por 'elefantita'.
La recámara a la que se dirigía estaba a sólo 4 o 5 metros de la puerta de entrada, pero con el corazón agitado y teniendo que pasar frente a la habitación de la tía, sentía que los latidos se le escapaban por la boca. Un minuto y medio después, había logrado su propósito y ya a salvo en su cuarto cerró con cuidado la puerta y comenzó a desenvolver su preciado tesoro.
La bolsa de papel que lo cubría estaba bastante ajada y un poco grasosa. Se notaba que el envoltorio había permanecido guardado un buen rato, quizá varias horas. Sin embargo eso era lo que menos importaba a Noema, que no obstante el deseo apremiante de abrirlo, se contenía para evitar que se oyeran afuera sus maniobras.
La bolsa de papel que lo cubría estaba bastante ajada y un poco grasosa. Se notaba que el envoltorio había permanecido guardado un buen rato, quizá varias horas. Sin embargo eso era lo que menos importaba a Noema, que no obstante el deseo apremiante de abrirlo, se contenía para evitar que se oyeran afuera sus maniobras.
Cuando más entretenida estaba en su propósito, sonó el horripilante timbre de la entrada y Noema se petrificó. -Si mi tía o el primo Ramón bajan a abrir, yo no voy a poder salir de aquí hasta que vuelvan a sus cuartos. -¿Cómo me aparezco así nomás? -Van a preguntarme que a qué hora llegué, que porqué no fui a saludarlos y quien sabe cuántas cosas más.
Nerviosa, dejó el envoltorio sobre la cama, después recapacitando, volvió sobre él y lo acomodó en la parte baja del buró, que aunque no tenía puerta servía bien de escondite para su secreto, camuflado atrás de una imagen de la virgen de Juquila.
Toda su aprehensión y precauciones pararon de golpe cuando de manera simple, su tia Ofelia dio un breve toquido en la puerta abriéndola enseguida y diciéndole, -qué bueno que ya estás aquí, porque acaba de llegar la prima Sara y quiere saludarte. -péinate un poco y ven a la sala, dijo, saliendo sin más de la habitación.
Uf, ni siquiera tuvo que articular palabra. Tía Ofelia no había preguntado nada ni había notado la palidez de su cara cuando se apareció en la recámara.
¿Habría escuchado su llegada? Lo que es seguro es que no la vio, pues de haberlo hecho le habría interrogado sobre lo que llevaba en la mano.
Por lo pronto el envoltorio seguiría escondido porque ella era requerida en la sala. Con algo de contrariedad se miró en el espejo, se soltó el cabello que lo tenía recogido con un coletero azul marino, lo cepilló varias veces y volvió a atárselo con el mismo accesorio, agregando un pasador al lado derecho, para que ningún cabello se viniera sobre su cara.
Noema era bastante rolliza, aunque se consideraba alta, pues media 1.67, de todas maneras era notorio su sobrepeso. Ella lo atribuía más que nada a sus caderas, tan prominentes, que le daban una apariencia que podría describirse como monumental.
Salió al pasillo y se encaminó al encuentro con la familia, anticipando la auscultación de que sería objeto por parte de la tía Sara en cuanto la viera. Era de las cosas que más detestaba; porque automáticamente sobrevendría el comentario sobre su tamaño e -indefectiblemente-, sobre su gordura.
Se hubiera cambiado de ropa, pensó, mientras avanzaba a enfrentar lo más graciosamente posible, la revisión de la cual, obviamente, saldría reprobada.
Hola tía Sarita, dijo de arranque con su voz delgada y suave que contrastaba con su tamaño.
Sara Ornelas giró para responder al saludo, pues estaba sentada en el sillón del lado derecho del salón, dando la espalda a la entrada.
La tía no sólo le sonrió sino que se levantó del asiento y se acercó para darle un abrazo, sorprendiendo a Noema que no suponía tan efusivo saludo.
-Vaya, vaya sobrina, creo que tu no has parado de crecer, dijo, al tiempo que le plantaba un sonoro beso en la mejilla izquierda y agregaba un poco en serio y otro poco en broma, -y tampoco de engordar ¿verdad?-
Noema soltó una risita nerviosa y respondió casi en un susurro: ya estoy bajando, estoy a dieta. Tras lo cual la atención pasó a otra cosa y ella buscó donde sentarse, de manera que no quedara muy de frente de la tía y así evitar su observadora mirada.
Fluía la plática llena de lugares comunes a la que Noema apenas si prestaba atención. Su mente estaba en el envoltorio que había escondido en su cuarto y el cual no había podido abrir. En determinado momento la discrepancia sobre el clima que predominaba en Cholula y en Atlixco subió de tono, envolviendo a Ofelia y a Sara en una discusión que amenazaba con llevarlas al enojo, todo por dos grados de diferencia. Sara insistía en que Atlixco era más frío y Ofelia desmentía a la prima diciendo que “para fríos, los de Cholula”.
Cuando Noema se percató de que las temperaturas habían “acalorado” a las tías y que ya ni dejaban al primo Ramón ni a ella intervenir en la conversación, se escabulló –si es que alguien de 86 kilos y 1.67 de estatura puede escabullirse-, hasta su cuarto y con apresuramiento casi febril alcanzó el envoltorio que estaba escondido en el buró. Lo abrió de sopetón sin importarle el sonido que hacía el papel de estraza y sacó el voluminoso mantecado con chispas de chocolate cuyo untuoso sabor imaginaba desde hacía horas.
Por el apuro, mordió un gran pedazo, se limpió la boca y aún con el enorme trozo atravesado en la garganta y moronas esparcidas sobre el frente de su cuello, regresó a la sala esperando que no hubieran notado su ausencia y donde el tema del clima ya había amainado. Las tías se levantaron al unísono de sus lugares cuando Ofelia propuso tomar un refrigerio. Se apetece una bebida y algo dulce, dijo Sara. -¿Vas a querer un pastelillo?, preguntó con cierta sorna a la silenciosa Noema. “Fanti”, con la boca llena, luchando por poder hablar sin que se saliera un pedazo del enorme mantecado, dijo….”no gracias, yo no como pastelillos”.
El secreto
Mireya
Apenas el leve roce de los labios sobre la mejilla erizaba cada centímetro de su piel mientras un calosfrío recorría su cuerpo; no quería sentir el abrazo, un poco ligero y sumamente íntimo que le evocaba pasados momentos en que esa sensación era placentera pero que hoy era pasado.
Apenas insinuado el gesto el abrazo traía a la mente una serie de complicidades disimuladas y dormidas por las buenas costumbres, ¿era el momento justo para necesitarse aquella tarde nublada entre el olor de las flores que recordaban la muerte? A ti te regaló una orquídea hace tiempo, ¿no es cierto? Escuchas en tu mente, -sí respondes en forma automática; sabes que tu secreto ya no está a salvo.
...Destino
Diana Morales Peña
Sucedió en el Verano del 2011.
En una cálida habitación a modo de monocromía, Anna y Joseph compartían educadamente una realidad que a voces les decía:
¡Ya no somos más que dos extraños! Ya no somos buenos amigos, ni siquiera lo suficiente para hacernos compañía.
Las tardes de planes, proyectos, experiencias de trabajo y un poco de añoranzas del pasado, fueron desplazadas por una nube de indiferencia, silencios sepulcrales donde cada uno, trata de disfrutar su espacio, haciendo lo que aún le da un poco de placer para tolerar la cercanía.
Él como siempre consulta el diario; las finanzas, divisas, el tipo de cambio, el índice inflacionario, crisis, guerra, mortandad, el acontecer del día a día; a fuerza de un trabajo Gerencial, debe informarse de forma tal, para no errar en las decisiones económicas que otros le conferían. Ciertamente un mundo paralelo a Anna - pero muy ajeno- el que Joseph habita, entre faldas cortas, uñas largas y sonrisas de oficina , ¡ah! esa es para él la verdadera felicidad, la miel, el éxito de la vida, 12 horas de ser “Don Gerente General aquí” , “Don Gerente General allá” , excusando un falso estrés siempre evitaba contar algún detalle a la mujer con quien caminaba el sendero de la vida, cuando ella con ánimo de sacarlo de esa “realidad asfixiante” (como él se la definía) preguntaba cada noche ¿Cómo te fue en tu día?, ¿Quieres cenar?, ¿Bañarte? , ¿Estás bien así?, por lo que te animes.
¡Tú me avisas!
¿Se imaginan?, ¡Que tedio debía ser para Joseph! Ver la misma cara de hacía 15 años .Sin embargo Anna aún vivía con alegría una realidad rutinaria, que por momentos, no terminaba de convencerla, el trabajo como asesor , los quehaceres diarios de casa, educar al pequeño Serge – a quien ella consideraba su única verdadera alegría-, esposa, hija, amante de quien pensaba su amado.. pero esa noche…esa noche, Anna estaba distinta.
Él no lo notó- pero ¡hasta un ciego lo veía!- Anna con un vestido rojo de seda italiana, Anna con un corte de cabello al hombro, zapatos nuevos y fragancia cítrica, Carolina Herrera era la base, pero al olfato se antojaba una versión más fresca , desafiante ¡incluso fría!, ella ya no era la misma…jugueteaba el piano con las notas de una canción sólo por ella recordada-Chez Chanel- y practicaba suavemente el ritmo que la transportaba a la alegría de otra cara, los placeres de otros días...sin embargo tenia presente una fecha reciente, 28 de agosto 2011 un mensaje por e-mail decía :
Llego el día 30 del mes y año en curso, vuelvo de España en el vuelo 4380 el sábado a las 19:00, linda ¿Qué te has hecho?, ¡quiero verte!, 12 años se me hicieron una vida.
Con algunos kilos de más a pesar de ese hermoso vestido rojo Anna, no era agradable a la vista de Joseph, ni un ápice de su libido deseaba poner al menos un dedo sobre esa hermosa tela de seda ¡tan lisa!, a cambio pensaba para sí con lascivia ¡Cómo se vería enfundada en ese vestido mi hermosa secretaria, Alicia!
Más esa tarde, ya no importaba lo que el pensara, los problemas, el estrés ...“una amiga estaba enferma” y ella, como buena samaritana la visitaría, con un atuendo nuevo y una fragancia distinta, se despidió de él cariñosa, el retoño de ambos no estaba en escena dormía, él le dijo ¡No tardes!, la calle está llena de maleantes y esa amiga tuya nunca ha sido de “tus mejores compañías”, ella lo miro y sin comentarios se retiró.
Suavemente cerró la puerta de su mundo monocromo. El umbral de su vida cotidiana se muto a un caleidoscopio. El rojo sangre del vestido comenzó aponer rubor en sus mejillas, brillo en sus ojos y una marcada felicidad en toda su cara la delataría.
¡Era el momento!
Presurosa toma un taxi -el azar la reencuentra con un conocido del conservatorio que se gana unos dólares al volante- éste con un poco de complicidad bien disimulada luego de una breve charla ya muy comprometida , la dejo en el aeropuerto.
Es demasiada la exaltación, tiembla de los pies a la cabeza un poco por la emoción otro poco por el miedo a encontrar una cara conocida que la descubra, se alinea su vestido, se retoca de carmín los labios y se acicala el cabello , 18:55 su corazón no cabe en el pecho, han pasado 12 años y "Él".. su moro judio cristiano, ha vuelto de una larga ausencia radicando en España, aquel buen mozo que con Kefia al hombro un día le robara los sueños de universitaria.
¡Las 19:00 en punto! piensa ella mientras mira el reloj, en la sala de espera ha tenido a bien ambientar con música de Gigala, se oye de fondo el compás de ¡ Te quiero, te quiero ! - notas gitanas-, ella vuelve en su mente a los años de juventud cuando algún día otro vestido rojo caía en el suelo donde el único testigo era ...la vasta extensión del cielo y la humedad de la tierra, su cuerpo desnudo llenaba los ojos de ese Amor de primavera , que el Verano del 2011 ahora le devolviera.
De hoy en adelante... pensaba para ella misma , que sea lo que tenga que ser... ¡Que sea!
Puros cuentos, puros cuentos
Adriana Quezada Casanova
Estábamos trabajando cuando de repente me vi envuelta, comenzó el tumulto, por decirlo de alguna forma, yo siempre los había visto, pero nunca había estado en medio de uno, era la agitación, todo mundo hablaba, todo mundo decía, todos a la vez , nadie escuchaba a nadie; entonces traté de zafarme, estaba ahí ,pero no estaba, empecé a oír que no habían pagado, esa era la molestia, esas eran las habladas: -Sí, yo no pude hacer el pago, ahora me van a cobrar intereses.
<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Yo tuve que empeñar mis cosas porque tenía que pagar mis deudas.
<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Yo fui al supermercado y ya llevaba mi despensa, cuando saqué mi tarjeta, no había dinero, no pude pagar.
<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Al rato entraba una trabajadora indignada, dijo que afuera estaban los medios de comunicación, quien quiera decir algo es el momento, pocos la siguieron.
<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Poco después llegó la líder de la delegación con teléfono en mano, les dijo a los que estaban ahí : - habla la Secretaria General,(puso el teléfono en altavoz) las personas se silenciaron para escucharla .
<!--[if !supportLists]-->- <!--[endif]-->Yo lo único que veía era gente molesta, enojada, la que sostenía el teléfono les pregunto ¿alguien quiere hablar con la secretaria general? Al fondo se oyó la respuesta –no yo quiero mi dinero, es todo.
Los comentarios eran muchos: - Yo tengo mi dinerito ahorrado, no tengo problema, pero el que vive al día, ¿si necesita el dinero para medicinas? ¿Cómo le va hacer?
Luego entró una mujer con gran presencia, guapa(era la coordinadora de la zona y les dijo: buenos días maestros cualquier cosa que necesitaran, ella estaba a sus órdenes, una maestra pidió la palabra y muy ofuscada dijo:-la persona que se encarga de las finanzas es una incompetente a poco no sabe que de acuerdo a la ley federal del trabajo nuestro sueldo debía ser depositado el día catorce.
La coordinadora le dijo que si, tiene usted razón y ofreció a todos un refresco, al momento que sonaba su teléfono, pidió disculpas y salió del recinto para contestar. Adentro se oía decir: que la coordinadora había venido a burlarse. –refresco ni que refresco, con eso no le doy de comer a mi familia. Algunos comentaban que los que tenían cuenta en Banamex sí les había pagado a lo que otros preguntaron entonces ¿esos que hacen aquí?
-Los estamos apoyando compañeros.
En el lugar no solo había sentimientos de molestia, algunos echaban manos de la lógica y la razón.
-¿Cómo crees que van a publicar en el periódico, si la Secretaria General los conoce, es más ella misma les va a decir a los periódicos: -tomales todas las fotos que quieran a los manifestantes inconformes y luego ¡las guardas!.
Los sentimientos y la euforia del principio se estaban apaciguando, ya más calmados los maestros, sacaron su lonche y se pusieron a comer, entró una mujer con su delantal blanco, muy limpia, algunos empezaron a llamarla, tenían hambre. En medio del ruido que todavía quedaba la coordinadora sindical le grito a la de finanzas: -¿tienes las cuotas? A lo que contesto, -¿las cocas?, ¿Cuáles cocas? No la cuotas, - ah sí, sí. – manda a traer bimbo, una mayonesa, jamón.
Al poco rato la coordinadora sindical les invitó a pasar a la biblioteca, allí había clima.
Entré a la biblioteca y los maestros estaban con el celular, otros con su sándwich, entró una maestra que no había estado en el movimiento, le aplaudieron, algunos maestros comentaban si podrían sobrevivir una semana sin comer, la maestra que recién había entrado dijo que traía música de “Los contreras” que si alguien quería escucharla, a mi no me quedó claro si eso era una metáfora ¿ “ los contreras”? o que si alguien quería hacer uso de la biblioteca nos poníamos a leer, como buenos mexicanos mejor le dijeron -ya déjelo maestra.
La señora de la comida se aprestaba a atender más pedidos, pasaba por los lugares ofreciendo popotes. Al fondo del lugar se oían tremendas carcajadas era el encargado de orden, el intendente y el nuevo bibliotecario, la de control escolar sentadita a lado del de matemáticas. A lado de mi había un maestro muy serio le preguntaron – ¿qué te pasa? Muy parco contesto: me duele la cabeza, y un compañero se acercó y dijo : Ponchito no tiene problemas, tiene mucha lana en el banco, es más le va a comprar un carro a su papá.
La coordinadora sindical tomando fotos, unos cargaban una cartulina que decía: exigimos el pago de nuestro salario.
Ya después de dos horas cada quien tenía su propia plática algunos reían a carcajadas, otros simplemente en sus sillas, sin hacer nada, otros buscando un lugar más silencioso para llamar por teléfono o contestar sus llamadas.
La que llamó a los medios ya se iba diciendo que su turno había terminado y que los maestros de la tarde debían continuar. Entre plática y plática algunas maestras se olvidaron del movimiento y decían cómo se debía saludar para que la piel flácida de los brazos no se viera tan colgada, solo girando la mano. Por ahí otros leían en voz alta un folleto que anunciaba un viaje a Cancún, costo por persona $2012.00, hospedaje, comida y traslado, a ver quién quiere anotarse, otro maestro completo la promoción “con paradas en las garitas de los narcos”. Algunos dijeron que lo iban a pensar.
Los maestros consultaban en el celular su estado de cuenta, haber si ya estaba el depósito, otros se querían ir a arreglar lo de sus cuentas por los intereses que les iban a cobrar.
El ambiente estaba tranquilo pero tenso, todos esperaban el acta para firmarla. Yo la verdad ya me estaba durmiendo hacía suficiente calor como para olvidarse es ese mismo momento de todo, en eso entre la delegada: silencio voy a leer el acta, todos escucharon, pero como siempre algunos estaban inconformes y empezó otra vez la discusión, las habladas.
*Creo que se quedó en anécdota, pero prometo hacer algo mejor, la próxima vez.
DESAMOR
El silencio acompaña la habitación Juan y Elena, se encuentran embelesados en sus actividades, ella acaricia suavemente las teclas del viejo piano, tan viejo y pesado como la angustia que baña su alma. Él se fuga entre las líneas de su diario favorito, dentro de sí, desea expresar algunas palabras pero se le hace tan difícil iniciar una conversación.
Elena se pierde lentamente entre la suave melodía, cuantas veces no la ha repetido. Hoy nadie la escucha, ella siempre se esmeró para aprender a tocar ese gran piano, con el anhelo de que algún dia, ella y él viajaran llevando su música por las grandes ciudades, tan enamorados como cuando se casaron.
De pronto ella se levanta suavemente, con pasos casi imperceptibles se dirige hacia la habitación, lentamente empaca sus pertenencias , se acerca a la cama y acaricia el lugar de su esposo, se pregunta con tristeza, que fue lo que paso, recuerda que tiene más de diez años, que ya no ha tenido un gesto cariñoso de parte de él.
Se detiene en la puerta y voltea como diciendo adiós aquella habitación que fuera testigo de besos y caricias nuevas en un tiempo, pero que después el desamor llegó y se quedó impregnando en las paredes.
Juan aparta la mirada del periódico al escuchar el sonido de la puerta de la entrada y con lágrimas en los ojos comprende que se ha quedado sólo.
GLORIA CUEVAS FUENTES
LA INDIFERENCIA
JOSEFINA AVILA PEÑA
Eran las 19:30 el cielo pardeaba, la luz del sol empezaba a morir, es esa hora en la que los seres se encuentran: después del trabajo, después de la escuela, es la hora de reunirse en casa, en familia, por fin el relax el día está por terminar.
Ximena es una chica morena de alegre mirar y sonrisa fácil, muy sensible y romántica, llega a casa harta del bullicio de la ciudad a encontrarse con sus grandes amores: su esposo, su piano. Se sienta ante él como en un éxtasis en el que se combinan los sentimientos y las emociones expresadas en el tecleo suave y tierno que solo ella sabe expresar. A su lado su esposo Gustavo lee el periódico absorto, con fijación que se antoja rutinaria, su vista no se separa, no se ha dado cuenta que Ximena se esfuerza porque sus melodías toquen su corazón.
Gustavo es profesor de literatura, enseña a sus discípulos el gran genero del cuento en el que desarrolla su imaginación, sin embargo, en su hogar se olvida de la belleza creativa y se esconde tras un periódico con el que pretende anular su entorno.
Ximena hastiada de su indiferencia rompe la monotonía de esta relación y huye de su lado tratando de conservar para ella sus emociones y su música que le consuela con cada nota su corazón adolorido por la indiferencia.
El desencanto
Joan Carles Guisado
—¡Ya es definitivo María! —Le dijo, con preocupación, Mariano a su mujer, no había duda, la noticia ocupaba la primera página del diario. «España sale del Euro. Los bancos permanecerán cerrados durante las próximas dos semanas». Bien que me lo había advertido mi padre y no le hice caso. Tenemos todo nuestro dinero en el banco ¡Bueno, teníamos! Después del corralito, Dios sabrá. Y la casa sin pagar, y mi trabajo en peligro.
—No te preocupes, el gobierno lo solucionará todo —le contestó María.
Crisálida
Doña Clemencia se llenaba la mirada al ver tras sus tenues cortinas a aquella deseable pareja que lucía en la ventana de enfrente, sus oídos se deleitaban con frecuencia con las notas del amoroso compañero de aquella mujer. El diario era el escape perfecto para él, y el mejor aliado para su pulcra imagen.
Pero hoy la ausencia de Clemencia, se aunaba al borde de la locura de ella, proyectándose en ambas ventanas del tercer piso de los edificios rosa.
“¡Una vez más sumergido en sus maquinaciones sin saciedad!, primero sus ganancias, luego el poder y el placer. ¿Hasta dónde llegará hoy conmigo? Seguro querrá más de lo que su dinero compra en sus selectas citas. Cada marca en el diario me vuelca el estómago, pero más lo desgarra cuando hurga sin amor cada espacio de mi piel. Sus huellas me laceran hasta la médula”.
“Abandonarme a él una vez más en afán de satisfacer al mundo acabará por llenarme las venas de hiel, ¡Basta!”.
“La extraña ausencia de Clemencia me atrae al borde de la ventana, una tensa calma me invade, todo en paz, el vacío me provoca, puedo sentir mis alas, como la mariposa que rompe la crisálida y una fuerza instintiva la lleva a extenderlas y volar. Me lanzo a la libertad….”
“Descubro un nuevo mundo, es blanco, pero no es el paraíso…Siento una mirada, es la mirada de Clemencia, está enfrente, pero ahora detrás de una burbuja de cristal…Veo mi cuerpo, pero no lo siento, mi espíritu en libertad…”
INDIFERENCIA
Gudelio S. Escamilla
Después de seis meses, la indiferencia aumentó progresivamente. Esa noche después de cenar. Pablo se introdujo en un breve artículo, pretexto ideal para evadir una conversación y distraer su mirada ante la presencia de su esposa. Claudia se sumergió en la profundidad de cada tecla del piano. En el “fa” sostenido encontró a Fabián, su amor de la facultad de artes, quién más de una vez, le dijo:
__El rojo te va bien. Tu belleza resalta, tu cuerpo me apasiona.__
Su índice tocó el “re” sostenido. Recordó cuando su cuerpo fue liberado de su vestido rojo y enloqueció a su amado músico. Esas tardes de pasión terminaron ante la repentina partida de Fabián.
Su pensamiento regresó a la tensa habitación, por el ruido del periódico se percató que Pablo seguía presente. No lo miró, temía iniciar otra discusión interminable, una cadena más de reproches.
Volvió al teclado, no le era necesario hablar. Encontró la forma de huir hacia los brazos de su amado. El piano, un pretexto perfecto para evadir la absurda decoración de la habitación. Y olvidar a Pablo.
La decisión aplazada
Amalia Guzmán
La parsimonia se había instalado en ese hogar, todo era siempre igual; él regresaba siempre a la misma hora del trabajo, se sentaba a comer siempre la misma comida y por la tarde invariablemente él se sentaba a leer siempre el periódico. Ella me sentaba al lado del piano a intentar repasar alguna de las viejas lecciones aprendidas hace tantos años, pero sus dedos estaban rígidos y la faltaba a de práctica sólo le permitía repasar algunas notas con la mano derecha mientras que el brazo izquierdo se recargaba sobre el piano como sosteniendo lo insostenible.
Hoy va a ser distinto, ella puso su vestido rojo, aquel con el cual cuando él la miro por primera vez le había dicho que era la mujer más hermosa sobre la tierra. Estaba dispuesta a marcharse a decirle que ya no soportaba mas y quería que él la recordara así, como la mujer más hermosa y que no había sabido cuidar. Saldría a buscar sus sueños que quien sabe dónde se habían perdido, sabía que hay cosas en la vida que ya no podía rescatar por ejemplo ser una gran concertista, pero al menos lo que quedaba de vida se proponía disfrutarlo.
Aspiro aire profundamente y volteo lentamente a mirarlo e intento abrir la boca, pero sólo alcanzo a apretar muy fuerte con sus dedos dos teclas del piano como concluyendo la ejecución de una gran obra, y salió rápidamente de la habitación en cualquier momento el iba preguntar como siempre… por la cena.
La espera
Calixto Azuara Mendívil
Arturo ya no me quiere y me lo hace saber ostentosamente,sin palabras. En casa elige ocupaciones que me excluyen de su mundo: lee el periódico o un libro, oye la radio, ve la televisión, lava o arregla el coche.
Con todavía alguna esperanza de que alguna vez sea diferente, le espero por las noches las veces que no me ha avisado por teléfono que llegará tarde. Preparo la cena pensando en lo que a él le gusta, me cambio la ropa de oficina por algo más cómodo y que le pueda ser atractivo, y retoco levemente mi maquillaje.
Hoy me puse el vestido rojo que alguna vez me dijo le parecía sensual, me senté frente al piano y de manera distraída posé mis manoseen sus teclas, repasaba sin darme cuenta una tonada de moda cuando nos conocimos; de pronto se apoderó de mí una leve nostalgia, imposible en ese estado no pensar en lo que era antes de casarme con él y en lo que ahora soy.
A su llegada hice un esfuerzo por apartar de mi rostro cualquier asomo de melancolía, le sonreí para hacerle saber que como siempre me alegraba su presencia. “Estoy cansado”, me dijo, “tuve un día muy difícil en la oficina, comí algo por el camino. Discúlpame, voy a leer el periódico”.
Ahora lee el diario con tanta concentración que para mí es como si me gritara: “ya no me interesas”. Sentada frente al piano tengo la sensación de vivir una pesadilla de la que debo despertar. Si, debo hacerlo. Me pongo de pie, le miro ajeno, ya muy lejos de mí. Debo desaparecerlo por completo: “Vete a la mierda”, le grito en silencio con toda la fuerza y el odio de que soy capaz, y salgo a la calle.
La decisión del piano.
Enrique Peniche
Yacía un señor sentado en su sillón rosado, junto a la mesa en la que todas las mañanas leía el periódico. Ya estaba vestido con su traje negro y únicamente le faltaba el saco.
Aún no era tiempo de ir a trabajar, y ya que no contaba con gran ánimo para leer íntegramente el diario, pasó directamente a la sección de finanzas en cuanto tomó el periódico.
Su rostro se llenó de horror y algo así como un escalofrío corrió por su nuca al leer el titular de una nota que afirmaba que su empresa estaba quebrada. Él no sabía cómo ni cuándo pudo pasar semejante cosa, y se apresuró a leer el resto. Al finalizar, dio cuenta de todo y reparó en todas las arriesgadas (y al parecer erróneas) decisiones que eligió en los últimos meses.
A pesar del silencio en el que el hombre se encontraba releyendo la noticia fulminante, no notó que su esposa entró en la habitación. Era bella y llevaba puesto un vestido fino y largo color polvo de ladrillo.
Al entrar, ella miró que su marido se concentraba en el papel, quizás más que de costumbre, y se sentó sigilosamente en el banquito del piano. Recordó lo mucho que había deseado aprender a tocar aquel piano de la casa, y también repasó las negativas de su esposo al respecto.
Ante el oportuno silencio, tocó suavemente una nota con su índice y luego hizo lo mismo con otra. Sin saber tocar el piano ella había logrado componer en sus tiempos libres una pieza, simplemente memorizando el orden de las teclas. Pasó horas practicándola, recordándola y reconstruyéndola cuando su memoria fallaba.
Él salió de su trance al escuchar la melodía y al voltear se sorprendió con el desconocido talento de su mujer. No pudo evitar pensar en lo maravillosa que sería ahora si le hubiera costeado las clases de piano años atrás.
Cuando ella terminó lo miró sonriente. Él le sonrió de vuelta.
Tomó muy malas decisiones los meses pasados, pero ya no más. Estaba decidido a cumplir el sueño de su esposa. Entonces se levantó abruptamente, rompiendo el periódico por la mitad.
La pequeña habitación
Yadira García
En una oscura y pequeña habitación se encontraban el Sr. Hopper y su bella esposa Amanda que siempre por la tardes tocaba el teclado mientras su esposo leía el periódico, reuniéndose siempre con su esposo siempre en la habitación subterránea del hotel del cual eran dueños, solo bajaban diez escalones que llevaban del sótano a la habitación y ahí se reunían románticamente, sin embargo esta ocasión era distinta porque si bajabas prácticamente podrías sentir la tensión y enseguida se detectaba el odio y la mala vibra que había en esa habitación. Pasaron las horas y ninguno de los dos esposos decía una sola palabra, abrumado el Sr. Hopper trato de salir de la habitación, pero no pudo por que había una gran caída que llevaba hacia un lago de lava, pues estaban en el haberno le comento preocupado a su esposa y su esposa desesperada abrió la puerta y se tiro al lago de lava, el Sr. Hopper se sentó frustrado por su perdida y miro hacia arriba, así fue como se dio cuenta que había un conducto de ventilación que lo llevaría de regreso al hotel, escalo y se deslizo por el conducto de ventilación muy bien y cundo lo abrió para caer callo en el lago de lava. Segundos después despertó y se dio cuenta de que todo fue un sueño y por eso hizo un cuadro, para recordar que siempre debe valorar la vida.
DULCE MELODÍA Vania Treviño
Él no esperaba nada, solo vigilaba. Fingía leer el periódico mientras su hija tocaba el piano. Hoy había a amanecido en la acera el cuerpo de una profesora de piano que vivía en su mismo edificio. El la conocía muy bien, ella había sido su obsesión durante los últimos años, tanto su belleza como su talento lo habían hipnotizado. Incluso le pidió que le diera clases de piano a su hija tan solo para poder verla tocar el piano.
El bajo el periódico y miro a la puerta esperando que alguien entrara y acabara con esa incertidumbre que lo estaba matando. Algunos llamarían a esa sensación “culpa” pero… ¿Culpa de qué? El no había hecho nada malo ¿o sí? Realmente los recuerdos se la noche anterior eran borrosos y solo recordaba haber tomado algunas copas de vino.
La melodía que su hija interpretaba lo alteraba aún más, sentía que la corbata lo ahorcaba y una opresión en el pecho con escuchar esa pieza, era la melodía que todas las tardes se escuchaba a la profesora tocar en las tardes, la melodía que el mismo había escrito para el centro de su obsesión. Los nervios lo carcomían y sentía como poco a poco lo devoraban, su paranoia lo hacía escuchar hasta la más mínima pisada amortiguada por la alfombra del edificio.
Finalmente decidió salir al balcón, necesitaba alejarse del sonido del piano que no hacía más que consumirlo. El cielo encapotado y la tensión en el aire presagiaban que ese día no acabaría bien para él. La melodía se detuvo…
Él se giró y encontró a su hija detrás de él. Llevaba puesto un nuevo vestido rojo. Su corazón se aceleró tanto que creyó que se le iba a salir, había pensado que su silencio le pagaría unos días más de vida, al parecer eso no pasaría. Su hija arremetió contra el haciéndolo caer desde el noveno piso… Eso era, ella era su culpa…
Finalmente su cuerpo cayó en la acera poniendo fin a su vida inmediatamente.
MONOTONÍA
Francisca Azuara Nieto
El ambiente gris prevalecía últimamente en nuestro hogar, incluso en aquella mañana de verano perfumada y llena de luz. El modesto departamento en que vivíamos, desde hacía diez años, y al que llegamos impregnados de ilusiones después de nuestra luna de miel, se veía opaco a pesar de que me esmeraba en su limpieza; los cuadros que colgaban de la pared ya no sonreían, sus brillantes colores habían palidecido, y mi amado piano, regalo de mi padre, parecía haber enmudecido de tristeza igual que yo. Intenté interpretar alguna melodía romántica, pero mis dedos no me obedecieron y sólo se limitaron a acariciar suavemente las teclas.
Giré un poco sobre el taburete y observé a mi esposo, como siempre, después del desayuno, estaba leyendo el periódico, sentado en el único sillón que nos quedaba. Vestido impecablemente, ya listo para salir a su acostumbrada reunión sabatina con sus compañeros de trabajo, ni siquiera se percató de mi nueva apariencia: había cortado los rizos que él frecuentemente besaba en el primer año de casados y lucía el vestido rojo que usé en la boda civil y que guardé pensando en llevarlo a alguna tertulia en su compañía.
Se despidió, como ya era costumbre, con un rápido beso en mi mejilla, caminó dos pasos y regresó ¡Mi corazón latió apresuradamente, había notado mi cambio y me invitaría a un romántico paseo! ¡El milagro tanto tiempo esperado se había realizado! Con parquedad me dijo: olvidé mi reloj, lo dejé en la mesita de centro… junto al periódico. Como autómata me di la vuelta, tomé el reloj y, volviendo sobre mis pasos, se lo entregué. Gracias, me dijo, sin ninguna emoción y se alejó silbando una alegre melodía.
Entré a la recámara, abrí el viejo ropero, saqué la maleta, igualmente vieja, y guardé en ella mis pocas pertenencias; luego me dirigí a la sala, me senté en el sillón, aún era cómodo, y me dispuse a esperar. Casi enseguida tocaron a la puerta; abrí y cuatro trabajadores de la Escuela de Música entraron para llevarse el piano, mi mejor amigo en todos esos años de monotonía; y también ahora, porque gracias a él obtuve el dinero para ser libre y poder iniciar una nueva vida.
Nuestra mutua infidelidad
Jeanette Aldán Cano
Santiago y yo cenamos lasagña, bebimos clericot. Sonó el tango, el ritmo nos atrapó. Bailamos sin percatarnos del tiempo hasta que la iluminación se apagó. Salimos a regañadientes, cuando el restaurante cerró.
Nos montamos en el auto, paramos en un ultramarino, donde compramos un vino. Continuamos nuestro camino pero un escenario nos cautivó, detuvimos la marcha, brindamos frente al mirador. Entre copa y copa, el sol hizo su aparición.
Yo, ataviada con mi escotado vestido rojo, transpiraba sensualidad. Él, enfundado en su impecable traje y corbata en cuello, era la encarnación de la palabra distinción.
Al llegar al departamento subimos en el elevador, íbamos platicando, besándonos, cuando lo vio. Ahí, tirado junto a la entrada, acaparó su atención. De inmediato el rostro se le transformó.
Decidió agacharse, lo levantó con rapidez. Abrió la puerta sin cruzar palabras, lo tumbó de manera violenta sobre la mesa. Después se sentó, quedaron frente a frente, lo acarició y me olvidó.
¡Qué envidia le tengo! ¿Cómo puede cambiarme por él? - pensé.
Luego volteé, ansiosa de una venganza y me percaté de otra presencia. Estaba ahí, esperándome en un rincón de la sala, listo para sentir el roce de las yemas de mis dedos. Dispuesto a soportar mi ternura, pero también mi insolencia.
Mientras Santiago arruinaba el momento romántico por leer el periódico de hoy, yo tenía mi piano y una canción. Si la luz del día lo había regresado a la rutina de las letras, yo, como siempre, me refugiaba en las teclas.
Subí al taxi que me llevaría a la central, nerviosa porque el tiempo apremiaba, parece que la luz roja se hacía eterna, por fin avanzamos, ¡qué desesperación!, al fin llegué a la central, solté la maleta para que las llantas se encargarán de arrastrarla, saqué el boleto, con nerviosismo, en eso, una mano tocó mi hombro, y al oído en voz baja me dijo: amor ya son las seis, ya levántate.
*Comentario: esto surge de un sueño recurrente en mi vida, por lo menos una o dos veces por mes suelo tener un sueño así.
LAS DOS CARAS LLAMADAS ILUSIÓN Y REALIDAD
Ana Lilia López Zárate
¿Qué paso? ¿En qué momento fue? ¿Por qué deje de soñar y vivo en un sueño? Son las constantes de mi aún confundido pensamiento, al recordar a la mujer que temerosa se fijaba en el espejo con la ilusión de que llegando el momento la cara áspera, gris y llorosa; mágicamente cambiaria con la llegada de realidad.
Al paso de los días la ilusión por transformar tu compañía en amor, dejo de crecer en mi, de pensar que si tal vez si voltearas dejando de poner tanta atención al diario, podría ver en mi rostro el deseo de palpar nuestras manos y fundirnos en uno solo…pero eso no llego, sabía que una relación es de dos y no basta con querer ser parte de una pareja; para llegar a ser un par de enamorados, de seres que se piensan con el alma, que respiran el anhelo de su cercanía.
La ilusión de lucir el vestido rojo de nuestra primera cita que tanto te gustaba, combinado con el labial que te sedujo y desgastaste con besos ajenos por ser esposa de tu hermano. La realidad es otra, ambos estamos ahora como cada noche en la espera de su llegada, de solo tener esa realidad en mi mente, de vivir esa ilusión al imaginar que una sola vez te viví; prometiendo ser en realidad la ilusión del ser que más amas tu hermano.
El silencio
Herlinda Marieta de Jesús García
La habitación sombría y nosotros dos cada uno encerrado en sus propios pensamientos, tu simulando la lectura de un periódico pero a la vez escuchando el palpitar de mis sentidos, yo entretejiendo pensamientos mientras acaricio el piano al que quiero extraerle el sonido de tu voz, sin embargo es el silencio el que nos cubre en esta armoniosa discusión de culpas, al no habernos encontrado en el lugar de la cita donde íbamos a recordar todo lo vivido en estos años, tu el pretexto de tu trabajo, yo el de mi clase de música y entonces sin unirnos, solo se escucha ese trazo en el aire, del silencio.
Me pregunto ¿a dónde van todos esos recuerdos, todos esos sueños que iniciamos hace años?, no escucho tu voz, de vez en cuando nuestro agotado respirar y quedan los silencios, quedan los vacíos tu y yo en cada fotografía viéndonos de fuera pero queriendo estar adentro, alejados, sin embargo juntos en la misma sintonía de esa vida que comenzamos hace tiempo en esta historia que aun no sé cómo va a concluir.
Abandono
Florencia Castillo Rodríguez
Siento felicidad con mi vestido rojo. Cada vez que me lo pongo, me recuerda como si bailara en la boda de mi hermana mayor, el contagio de las risas es inevitable. Cada día somos menos en la casa. No me siento tan contenta, así que tocaré una y otra vez mi melodía favorita en el viejo piano. La necesito para sentirme acompañada. Escucho el ruido de la puerta: acaba de llegar mi padre. Estoy segura que trae buenas noticias para la casa. Primero murmullos, luego van ascendiendo los tonos, cada vez más oscuros. Me termino de pintar y decido recogerme mi negro cabello, me duele un poco la cabeza. Ahora escucho un portazo y los pasos de quienes se van para siempre. Llego a la sala, mi padre está sentado leyendo su periódico. Miro las pinturas solitarias en las paredes de mi sala verde. Me acerco despacio al piano negro, toco suavemente una tecla blanca para que sepa que estoy con él.
Hastío
Mireya
Lenta, adormecedora, repetitiva, la nota recurrente en mi mente se convertía en una constante insoportable, cansado, invadido por el tedio mi vista recorría la secuencia de letras del diario una y otra vez sin que en realidad mi mente lograse apoderarse de algo, fingía estar leyendo una nota, cada sonido, cada silencio era una lento recordatorio de ese aire que no circulaba, del calor que embotaba mis sentidos mientras evocaba a ella frente al teclado con los mismos dedos, en la misma nota una y otra vez desde hace tanto tiempo, desde hace tantos instantes, desde hace tantas eternidades, la nota taladraba mis sentidos, imaginaba el movimiento de las teclas ahora un dedo en la negra ahora en la otra, en negro y blanco, el falsete del si, hacía cada vez más difícil mi respiración, ¿cuándo había dejado de amarla?, nuevamente la pregunta escarbaba en sus recuerdos…el sonido entraba en mi cabeza o leía la nota de la joven pianista que tocaba absorta en el piano una y otra vez la misma nota, el mismo acorde, mientras su esposo fingía ignorarla recordando cuanto le sofocaba emocionalmente la nota que le recordaba la joven que tocaba el piano.
Testigos en blanco y negro
Pedro Vidal García Juárez
Es una noche de junio, como todas, como siempre, con grillos cantando, y algunos ladridos perdidos, de los perros de aquel barrio. Es una noche como todas, con un sobresaliente silencio, con algunos faros fundidos, de aquel viejo callejón. A lo lejos se ve aquella casa, tan antigua como esta ciudad, de altas paredes, de ventanas amplias, y con su gran puerta de cedro. Es ahí donde viven Arnulfo y Caridad, un matrimonio joven, de altas y bajas, como muchos, como la gran mayoría. Caridad se gana la vida cosiendo, y vaya que cose, varias horas del día, un breve descanso y sigue, en fin. Arnulfo trabaja en la oficina postal. Y esta noche como siempre, Arnulfo llega cansado, estresado, pensando más en los pendientes, que en su oficina ha dejado. Saluda a Caridad, como cada noche, un beso y solo eso, no más; la costumbre, la maldita costumbre. Caridad, también cansada lo saluda, lo mira fijamente, para después sentarse frente al piano, aquel viejo piano vertical, con algunas teclas ya desafinadas, pero bueno, qué más da. Arnulfo al escucharla, toma el diario y se dirige, a su silla preferida, con su clásico rechinido, y siempre junto a la ventana, aquella gran ventana por donde se siguen escuchando los grillos, los perros, y un silencio abrumador. Arnulfo y Caridad, siempre tan juntos, siempre tan distantes. Cuando ella termina su melodía, él ni cuenta se da. Cuantos junios ya han pasado, y una noche como todas, como siempre; los ha alcanzado la vejez, Arnulfo solo con lentes lee, a Caridad la artritis le impide tocar como lo hacía. Es ahí donde yacen como siempre, como cada noche, el piano y el diario, inertes, envidiando la vida, que Arnulfo y Caridad, nunca supieron aprovechar. Fin.
Indecisión
Mariel Ruiz
Ella solía ser una artista, una pianista exitosa, hasta el día en que se casó con él, un hombre machista que creía que el lugar de la mujer estaba en servir a su hogar, aquella mujer se sentía enjaulada, cual pájaro preso de su amo, no soportaba estar retenida por la tiranía de su marido, lo que mucho tiempo pensó “era amor”, ahora agotada del maltrato, buscaba desesperadamente un escape, una salida que le permitiera vivir a plenitud la juventud que aún le quedaba, pero ella aguardaba en silencio, esperando el momento indicado, ¿Cómo lo tomaría su esposo?, ¿la golpearía? ¿ podría ser feliz dejando atrás los años perdidos?, la desdichada mujer se preguntaba esto día a día, mas sin embargo jamás se atrevió, pues el momento esperado a ella nunca llego.
VIERNES POR LA TARDE
JORGE BARAHONA V.
JORGE BARAHONA V.
José lee el periódico, Eva lleva puesto ese vestido rojo que tanto le gusta, toca el piano, melodías tristes salen por la ventana de la sala, sus notas van en aumento conforme aumenta su impaciencia, José muy concentrado en la lectura no se distrae en lo mínimo, finalmente termina la pieza y sale al exterior de la casa.
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Cadenza
Nahim Luna
La mujer permanecía ahí, sin noción de las horas transcurridas desde que se abandonara en el sillón del piano. La atmósfera de la sala era densa, sólo se percibía el leve crujir del periódico de Marco. Y en vano, como cada tarde, la mujer intentaba encontrar la nota que irrumpiera el letargo, el pesado fluir de un silencioso tiempo que, poco a poco, la iba diluyendo en el vacío.
La nota silenciosa
Susana Xenia Salazar Lizán
Puede escucharse el deslizar de mis dedos sobre las teclas del piano, clamando atención a tu indiferencia, ese silencio del color púrpura de mi vestido, cubriendo mi corazón ardiente que tan sólo se alegra con tu mirada.
Cada letra del periódico forma frases que te atraen. Me convertiré en signo, punto o coma, pero detente en mi persona. ¡Estoy presente! en esta soledad compartida con una noticia que compite con mis notas silenciosas, es mi amor que se acalla paralelo con el diario matutino de noticias importantes.
Termino siendo transparente y pura, para no perturbar esta melodía cruenta de amor y desamor constante, como anuncio mañanero de cualquier noticiero que penetre un cerebro aislado de cariño entre dos ausentes.
Hastío
Araceli Díaz
Como todas las tardes me encontré sentada mirando a mi esposo leer su periódico; fue así que cayó ante mis ojos el declinar de la tarde y de mi matrimonio. Intente alejar esa oscura revelación tocando el piano pero solo salían de mí notas tristes, él parecía no escucharlas y mientras más tocaba, más se abría el espacio entre los dos. Desde hacía tiempo las palabras y los besos se alejaron de nuestros labios; nuestras miradas no volvieron a coincidir, quedaron extraviadas; los pensamientos mutuos se desdibujaron en las paredes amarillas; y cada noche nuestros deseos se escondían debajo de la cama. Cada día transcurría lento, colmado de una gris monotonía que me arrastraba e impedía huir, en esos momentos sentí que me ahogaba me levante precipitadamente acicalé mi vestido rojo y sin mirar atrás Salí.
Cobardía
María Elvira
Amira teclea desganada. La sonata de Motzar no ocupa su mente realmente y los dedos se deslizan en forma automatica por el piano.
-¿Qué estará haciendo ahora? Se pregunta. ¿Se atreverá a confesarle a Elia lo nuestro? Y yo. ¿Qué puedo decirle a Silvano?, piensa, mientras los dedos siguen la partitura aprendida de memoria.
A pocos centímetros, el marido parece sumergido en el periódico.
Desde en la mañana él también estaba ensimismado. Apenas probó el desayuno y partió rápidamente para su trabajo. Pocas palabras entre ellos. Apenas un beso rozando los labios.
De repente, como si se hubieran puesto de acuerdo, ambos contienen la respiración, toman aliento y voltean a mirarse.
Sus bocas se abren al mismo tiempo, ojos con ojos, las palabras a punto de brotar y en lo que pareciera un larguísimo instante dicen sin pestañear y como dispuestos a enfrentarlo todo de una vez...... ¿Gustas un café?
-Sonata 14-
Regina Gutsal
Ella ya tenía más de dos meses sin hablar una palabra el día que todo ocurrió. ésa mañana, como últimamente lo hacía, se levantó de la cama, se bañó, se puso su elegante vestido rojo y se maquilló, se veía hermosa. Él ya la miraba con repudio, con asco. Y como todas las mañanas desde hace dos meses, ella se sentó en el piano y comenzó a tocar una sonata para piano de Beethoven, la 14, la misma de todos los días desde hace dos meses.
Él se arregló, se hizo de desayunar y se marchó como todas las mañanas, sin saber que aunque la mañana había sido igual a todas las mañanas de los últimos dos meses, el final del día no sería el mismo.
TODO PARECÍA ESTAR BIEN
Irma García León
Desde la ventana se observaba lo que parecía ser una escena normal y cotidiana, nada salía de lo ordinario, era una recamara pintada de un verde vivo y alegre, decorada por cuadros que le deban una sensación más hogareña.
Sentado en un mueble se encontraba él, leyendo el periódico como cada tarde y ella sentada frente a su piano, apenas y tocando algunas teclas, pero sin crear una melodía determinada, arreglada con su mejor vestido, rojo y largo, con su cabello recogido como a él le gustaba y pensando que antes esto habría provocado que él no le quitara los ojos de encima, pero ahora ni una pequeña mirada le dirigía.
No entendía como todo había llegado hasta este punto, cuando fue que las cosas cambiaron de ese modo, pero ahora ahí se encontraban cada uno, sentados y fingiendo que todo estaba bien.
AVISO OPORTUNO
FLORA MARTINEZ ORTIZ
“Solicitamos urgentemente personal para enlistarse en el ejercito, tu país te necesita,tu familia estará orgulloso de ti, excelente sueldo y pensión vitalicia” Era un anuncio que Carlos Revisaba en un diario matutino, la falta de trabajo aumentaban sus necesidades, sin embargo tenía que decidir entre permanecer con su familia o ganar dinero para sacar las deudas que le aquejaban, entre ellas la hipoteca de su casa a la que solo le daban un mes o seria desalojada.
Era una buena oportunidad para resolver su problema, pero que diría su esposa Romina si le proponía irse a la Guerra de la que quizá no regresaría jamás,
Volteo la cabeza solo para contemplarla y pensar como decirle que ya había tomado la determinación de anotarse. Quizá esa sería la última tarde en que contemplaría a su bella esposa, el espacio donde vivía, como olvidar esa vieja habitación donde por años siempre fueron felices a pesar de que el dinero faltara en casa.
Y ese viejo cuadro que compraron cuando ambos fueron de vacaciones a visitar a la familia de su esposa, sin embargo a la vez también imaginaba los grandes lujos que podría obtener si fuera un elemento más en el ejercito de su país.
Ambas cosas pasaban por su mente, aunque intentaba leer el diario, las noticias del momento no lo distraían, su mente había quedado fija en el “aviso oportuno” ese aviso que quizá cambiaria toda su historia, de una persona hogareña, cariñosa y tranquila, a la de una persona enérgica, desconfiada que poco vería sus seres queridos.
Las ideas daban vueltas en su cabeza. ¿Cómo convencería en este momento a su esposa? Cuando ella se había puesto el vestido más bonito que hacia lucir su figura de esa tarde de domingo en que siempre disfrutaban juntos con sus hijos.
“Ha llegado el momento” dijo Carlos” la ocasión me da la razón, estas paredes, estos muebles, esos cuadros que por años adornaron el lugar son testigos de mi determinación”.
Lentamente se levanta del sillón, cariñoso le dice su determinación a Romina quien con lagrimas en los ojos le dice que esta de acuerdo por el bien de todos que no dude del amor que le tiene aun cuando la distancia sea el obstáculo para seguirse amando.
La decisión del piano.
Enrique Peniche Soto
Yacía un señor sentado en su sillón rosado, junto a la mesa en la que todas las mañanas leía el periódico. Ya estaba vestido con su traje negro y únicamente le faltaba el saco.
Aún no era tiempo de ir a trabajar, y ya que no contaba con gran ánimo para leer íntegramente el diario, pasó directamente a la sección de finanzas en cuanto tomó el periódico.
Su rostro se llenó de horror y algo así como un escalofrío corrió por su nuca al leer el titular de una nota que afirmaba que su empresa estaba quebrada. Él no sabía cómo ni cuándo pudo pasar semejante cosa, y se apresuró a leer el resto. Al finalizar, dio cuenta de todo y reparó en todas las arriesgadas (y al parecer erróneas) decisiones que eligió en los últimos meses.
A pesar del silencio en el que el hombre se encontraba releyendo la noticia fulminante, no notó que su esposa entró en la habitación. Era bella y llevaba puesto un vestido fino y largo color polvo de ladrillo.
Al entrar, ella miró que su marido se concentraba en el papel, quizás más que de costumbre, y se sentó sigilosamente en el banquito del piano. Recordó lo mucho que había deseado aprender a tocar aquel piano de la casa, y también repasó las negativas de su esposo al respecto.
Ante el oportuno silencio, tocó suavemente una nota con su índice y luego hizo lo mismo con otra. Sin saber tocar el piano ella había logrado componer en sus tiempos libres una pieza, simplemente memorizando el orden de las teclas. Pasó horas practicándola, recordándola y reconstruyéndola cuando su memoria fallaba.
Él salió de su trance al escuchar la melodía y al voltear se sorprendió con el desconocido talento de su mujer. No pudo evitar pensar en lo maravillosa que sería ahora si le hubiera costeado las clases de piano años atrás.
Cuando ella terminó lo miró sonriente. Él le sonrió de vuelta.
Tomó muy malas decisiones los meses pasados, pero ya no más. Estaba decidido a cumplir el sueño de su esposa. Entonces se levantó abruptamente, rompiendo el periódico por la mitad.
Armonía Armonía
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Un hombre que siempre ignoraba a su esposa, no despegaba su mirada de los titulares del periódico, era lo único que leía de cada noticia, los encabezados porque su verdadero interés; el cual incomodaba a su esposa, era el de resolver crucigramas que solían aparecer publicados en el Diario.
Su esposa trataba de ocupar parte de su tiempo en tocar el piano, y alegrar su vida de silencio ante su esposo con las melodías y piezas musicales que le acompañaban.
-¡Calla mujer!, ¿Qué no vez que estoy leyendo?- le decía el cada vez que intentaba hablarle o decirle algo que aconteciera en el día.
Cierto día cansa de aquella actitud déspota que hacia ignorarla, decidió ella callarlo a él, y lo hizo con un objeto poco común, con el soporte de la tapa del piano.
Entonces aquel día toco la música más perfecta de su vida en el piano.
EL SILENCIO
LUMA
Lucy Escamilla Lopez
Benjamín y Lucy están juntos, pero cada uno en su mundo; él leyendo cada página del diario y ella con su hermoso vestido, abstraída tocando el piano
¿Qué pueden tener en común que no solo sea, compartir un espacio?
La sola imagen descrita no permite conocerlo, pero la actitud tal vez sí; ambos son dedicados en la actividad que tienen y las palabras no son necesarias ya que en ese momento uno y otro están sintiendo tranquilidad y regocijo al estar viendo que el otro está haciendo lo que maaaas le gusta hacer; respetándose y amándose en silencio son totalmente felices.
RUPTURA INEVITABLE
D. ANDREA PEDRAZA ESCAMILLA
Ah! Nuevamente hoy es un día como cualquier otro,
La rutina me sofoca; llego a casa y mi mujer no me saluda, cuando es hora de comer a veces solo deja una nota “la comida está en el micro” o “lo siento tuve que salir”.
Es cuando se me quita el hambre y leo el periódico buscando escapar mi realidad, pero es imposible ¡pienso en ella! Desearía saber qué es lo que pasa por su mente.
¿Por qué su desprecio día con día se hace más obvio? Y es que no tengo el valor ni las ganas de crear una nueva discusión; además se vería extraño después de tantos años de indiferencia, pues, tiene tanto tiempo que solo trabajo todo el santo día y cuando llego a casa solo la contemplo dormida.
¿Será que los problemas del matrimonio y la falta de tiempo han hecho un abismo inmenso entre los dos? Que ya ni una sonrisa o una mirada se fija entre nosotros solo siempre la misma expresión fría y pálida de melancolía, yo acá y ella obsesionada con sus clases de piano que se vista tal cual despampanante pianista, sin embargo de pronto un día comprendí todo,
Cuando regrese a casa leí su última nota:
“! Hasta Nunca Juan! estoy feliz y enamorada y NO ES POR TI”
Un día especial
Liliana Ocotla Vargas
Es un bello amanecer, el cantar de los pájaros acompaña las bellas notas del piano que toca Elisa; una emoción embarga su cuerpo esperando una respuesta…y todo igual, las manecillas del reloj avanzan, las notas musicales se tornan sin sentido, un aire de vacío y soledad embarga la habitación; esa soledad que solía acompañarlos por años. Ricardo sentado en su sillón preferido; sumergía la mirada en el diario que leía sin detenimiento, pareciera que ese era su único mundo.
-No! ya no!, no hay nada que celebrar ¿ nuestro aniversario?... el camino sigue ahí, quiero recorrerlo, será muy hermoso, sí! caminaré sin mirar atrás.
Las hojas del periódico caen al piso y Ricardo apenas voltea hacia la puerta que se cierra.
Justicia
María Elizabeth López
Su mirada fría hurgaba en la mía buscando la verdad. ¿Cuál verdad? ¿La de él? No creo que le interesara conocerla, es más no creo que sintiera pena por el muerto, no lo conocía, no sabía su nombre ni a qué se dedicaba. Por lo menos eso debió preguntar cuando se acercó para ver el cuerpo. Así que el saber que había sucedido, en realidad no le interesaba. Más bien deseaba ser reconocido como un buen policía y obtener un ascenso o por lo menos una fotografía en el periódico con la leyenda: “Policía audaz descubre que mujer asesina a su esposo por celos”.
Mi verdad a nadie se la había dicho, ni siquiera a mis padres o por lo menos a mis vecinas. Nunca fue de mi agrado andar regando mi tristeza y dolor como ajonjolí de todos los moles. Sólo mi cuerpo dolido y mi corazón acorazado sabían lo sucedido. Mi mirada que en un tiempo reflejaba todo lo que me pasaba se fue endureciendo. Así que a quién hurgara en ella nada va a encontrar. Ni siquiera en mi voz. Hoy sólo la paz y la calma me invaden.
Él que lea el diario, que espere total lo único que encontrará es que alguien tropezó y cayó por las escaleras, y yo…yo sólo toco el piano con la melodía de la calma.
Nota: El siguiente cuento se repite pues, con toda la razón del mundo, la autora ha notado que el editor del blog desapareció líneas importantes de su texto. Disculpas mil por este fallo sin intención alguna de nuestra parte.
I.G.
AMOR AL ARTE
Yuray Rosas Muñiz
Una tarde tranquila, Enrique y Sofía gustaban de recrear sus horas frente a lo que espiritualmente les complacía, él de la literatura clásica que lo llevaba a imaginar diferentes situaciones; ella a tocar el piano, porque la música llenaba aquel corazón solitario y vacío que Enrique había abandonado hace tiempo. Entre aquellas paredes solían estar juntos pero al mismo tiempo alejados, el uno del otro; así que sin duda Sofía estaba decidida a buscar la felicidad anhelada, esperaba ansiosa que Enrique soltara ese pedazo de papel que cada día abría más la brecha entre dos corazones ansiosos. Decidida soltó aquella idea que daba vueltas en su cabeza, fue directa a él, pidió la separación, el hombre sonrió, asintiendo con la cabeza, se levantó, aventó su periódico y salió dejando un fuerte portazo como respuesta.
Pasó un día y otro más y hoy aquellos ancianos siguen disfrutando de su “amor al arte”.
Él tenía que saberlo
Denia M. Salas Hdz.
Caía la tarde, él había prometido que iríamos a cenar. El vestido rojo, por tanto tiempo guardado, al fin tocaba mi cuerpo. Llegó justo a las siete.Como cada noche siguió su habitual rutina de leer el diario en su cómodo sillón. Ni siquiera notó el peinado y mucho menos el vestido.
Para llamar su atención, fui a sentarme al piano. Juguetee con las teclas sin conseguir que volteara. Me puse rente a él, respiré hondo… y solté el aire volviendo al piano descargando en sus teclas mi frustración e impotencia por no haber podido articular palabra.
Me armé de valor una vez más. En tono suave pero firme dije: Me voy, acepté el contrato para la gira de conciertos. Él alzó la mirada, frunció el ceño en gesto incrédulo y volvió a su diario. Yo sonreí y supe que jamás volvería de esa gira y ya no importaba ni la cena, ni el vestido ni dar explicaciones. Antes de salir hice una llamada a las oficinas de diario.
Al día siguiente, en un recuadro de la sección financiera, él pudo leer:
“Famosa pianista inicia su gira de la libertad y se despide y agradece a quien la acompaño los últimos años”
New York, tú y yo
Meza Reyes Denice Ivonne
Es la historia de Paulo y Constance. Ella una chica de 29 años, de ideas liberales y con una vida complicada. Él, un joven de 31 años un poco conservador y muy unido a su familia. Se conocen en la ciudad de Nueva York, al coincidir en un puesto de revista y elegir la misma. A partir de ese momento, sus vidas se cruzan y la historia de amor de ellos comienza, no sin antes siendo acompañada por una serie de acontecimientos tormentosos que impiden consolidar su amor. Finalmente, el destino se apiada de ellos y triunfan, comenzando así la historia del resto de sus vidas.
La noticia
Itzel Patricia Villegas Tapia
Como todos los días, Sebastián volvió a casa a las nueve de la noche, dejó el abrigo en el perchero y de manera instintiva besó fríamente la mejilla de su esposa que estaba sentada frente al piano intentando tocar una melodía.
Ella levantó la cara un instante y esbozó una ligera sonrisa, similar a una mueca, pero Sebastián no le dio importancia, pues de un tiempo atrás las palabras sobraban en su matrimonio.
Sebastián se acomodó en el sillón y comenzó a leer el periódico, una nota sobre el repunte de la economía en el último trimestre le recordó el gran negocio que estaba a punto de cerrar y no pudo evitar sonreír al pensar en las enormes ganancias.
La mirada de Sebastián se perdió entre las páginas del diario y ante las impresionantes imágenes de los cientos de muertos a causa de un incendio en una fábrica de zapatos en China.
Pero la noticia más impactante de su vida se encontraba escrita con pluma sobre la sección de deportes, una frase que haría que Sebastián jamás volviera a leer el periódico con el mismo interés, -“Ya sé lo de tu amante, quiero el divorcio”.
Tedio
Elvia Madrigal Moheno
Cinco años de matrimonio y la pasión por la lectura y los intereses personales han invadido la intimidad de Alicia y Alberto.
Ella, concentrada siempre en los temas de su interés, se ha olvidado de la coquetería y de atender a su marido. A pesar de su talento, no logró impedir que la melancolía triunfara y destruyera la ilusión de un apasionado amor que se inició hace ya cinco años.
Alberto, displicente, triunfador hombre de negocios, prefiere leer de finanzas a buscar el acercamiento y estabilizar su matrimonio. El tedio lo invade al llegar a su hogar.
Juntos, en la misma habitación viven en mundos distintos, ensimismados en sus propios pensamientos. Ni siquiera se miran, la soledad los invade, ya no hacen intentos de comunicarse.
Esa noche ambos fingen leer con avidez, sus mentes divagan, concentrados en los detalles para lograr lo que han venido urdiendo desde hace varias semanas, sin saber que ambos tienen la misma intención. Ninguno soporta más esta indiferencia que los congela. Lo único que ahora les interesa es como llevar a cabo su plan para lograr el homicidio perfecto y liberarse del otro para siempre.
NOTICIA INTERESANTE
SUSY SOSA
Joe profundamente interesado, ante la detonante noticia del día olvida que su amada Estrella, espera meditabunda junto al piano para compartir juntos como les fue en sus respectivos trabajos.
Pero en este momento nada gira alrededor de Joe; las estrepitosas noticias del día roban su atención, la crisis económica, niños robados, sicarios rondando la ciudad y todos los problemas en los que hoy nuestros alrededores se encuentran envueltos.
Mientras a un lado ¡ allí junto al piano! Su esposa espera paciente, prudente el momento de ser tomada en cuenta, al menos espera un comentario sobre ese periódico que roba la atención de su esposo.
¡Hay! Me pregunto y ¿esto es el amor? Mientras observa las teclas blancas y negras del piano.
Y exclama emocionada ¡ Si, sí así es mi matrimonio como las teclas de este piano; las teclas negras son los momentos tristes y las teclas blancas representan las alegrías, las emociones, los momentos bellos que compartimos como pareja y que como el piano al armonizar sus teclas nos aportan bellas melodías.
Así Estrella se da cuenta que no debe sentirse triste, que debe ser paciente, reflexiona que ella construye las raíces de su matrimonio, que ella es la energía que mantiene en pie al hogar, la savia que nutre cada una de las ramas de éste árbol que apenas empieza a germinar. Y Estrella deja su melancolía, se acerca suavemente a Joe, toca su hombro suavemente y plasma un beso lleno de ternura en sus labios y él exclama ¡oh mi amor, perdón no te escuché entrar.
LIBRE
Gudelio S. Escamilla
El portazo cimbró las persianas de la sala. Carolina salió a prisa después de la vehemente discusión. Pablo se dejo caer en el sofá. Se quedó sólo, abandonado. Pensando en la tarde de pasión que vivió con Laura el primer jueves de abril. La soledad fue invadiendo la casa, hasta envolver cada mueble, excepto al hombre.
SONATA
Salvador Viveros Aguilera
El silencio era denso, como un lastre. A Dulia le dolía la distancia entre los dos. Acariciaba con ternura las teclas del piano. El “Claro de luna” fluía cadencioso como cuando se enamoraron ambos con la misma melodía en un verano ya lejano.
Roberto leyó el anuncio que Dulia había enmarcado en el periódico, como ajeno a la melodía y a ella misma. La nota decía: “Se solicita empleado capacitado para vender boletos en taquilla con sueldo de veinte mil pesos mensuales, dirección: Madero esquina Mario Molina”. Al ser temprano pensó que llegaría a tiempo para intentar contratarse, lo extraño era que no había número telefónico. Desesperado por su falta de ingresos dijo a Dulia que saldría a ver lo del trabajo. Ella dejó de tocar y sonrió tristemente. Tenía mucho tiempo que vivían de su sueldo de pianista en la Orquesta Sinfónica.
Roberto llegó al lugar con un gesto de desconfianza, pero se encontró con una señorita muy hermosa y bien vestida, quien le pidió amablemente que abordara un taxi que lo llevaría al aeropuerto, en cuyas oficinas le harían un examen. La bella calidez femenina y el taxi identificado como de la ruta “Aeropuerto”, lo convencieron y subió al asiento del copiloto sin dar importancia al pasajero del asiento trasero, tal vez iba a lo mismo, pensó, además el chofer se veía muy relajado.
Después de recorrer algunas cuadras, en un abrir y cerrar de ojos, el pasajero de atrás amagó a Roberto con un revólver y le dijo que lo liberarían después de que depositaran cincuenta mil pesos en una cuenta bancaria.
Dulia recibió la demanda en su teléfono celular. Aterrorizada habló con el director de la Sinfónica, quien le prestó el dinero y ella puso a su disposición el piano que tanto esfuerzo había costado pagar.
Por la tarde, luego de una angustiosa espera, Roberto volvió sano y salvo a su morada. Entonces la mirada ya no fue tan distante y se abrazaron. Aquel abrazo los hizo retroceder en el tiempo, y envueltos en la música de Beethoven rieron y lloraron juntos hasta que la realidad finalmente los ubicó en un fuerte abrazo; pero la desolación era intensa.
La Noticia
Karina Itzel Trujillo Ramírez
Era un día lunes por la mañana. Dos recién casados estaban en la comodidad de su sala esperando como cada día el periódico cuando de repente, el periódico llegó. El esposo empezó a hojearlo, mientras ella se sentó a tocar el piano ubicado en la sala de su hogar.
Él se preocupó al leer en el diario, que la compañía donde trabajaba había quebrado, y anunciaba a los trabajadores que estaban despedidos. Empezó a temblar y a sudar frio. Su rostro reflejaba angustia y dolor. Por su cabeza brotaron miles de pensamientos; sobre todo, los que anticipaban la posible reacción de su esposa ahora que él se encontraba sin empleo.
--¡Me va a dejar!, ¿cómo haré para mantener esta casa? y ¿a que me dedicaré ahora?-- pensaba él. No aguantó más y lloró en silencio; mientras la esposa había empezado a tocar una melodía con la que ellos se enamoraron; poco después, giró para verlo y le observó desconsolado, pero continuó tocando la hermosa pieza.
Finalmente, él sintió valor, y decidió contarle a su esposa la noticia de su despido. Se levantó de su asiento y camino hacia ella, pronto le dijo con voz quejumbrosa ---para de tocar, ¡voy a hablarte sobre una mala noticia!
Ella dejó de tocar, lo miró fijamente a los ojos y le dijo –lo sé, se que te quedaste sin empleo; lo supe desde la semana pasada que te quedarías sin trabajo. Pero sabes… no importa, yo encontré un trabajo para tí; envié tu curriculum a varias empresas y ya fuiste aceptado. Si toqué nuestra melodía es para alegrarte un poco y demostrarte que saldremos adelante con mucho amor—luego lo abrazo.
Él, conmovido por el esfuerzo de su mujer, le abrazó y pidió que continuara tocando el piano. Pasaron las horas y ellos disfrutaron de su música hasta la madruga.
El tiempo no regresa
Francisco Capetillo
Aquella noche me encontraba perturbado, había llegado a mi límite de copas y me pareció que caminar por el viejo barrio me haría relajarme. Los caminos de arena que yo recorría hace más de 40 años habían sido reemplazados por calles pavimentadas; las casas ya no eran los cuartos de láminas y lonas como ventanas, en su lugar, el barrio presumía de tener casas grandes y modernas, todas con un lujoso automóvil en la entrada...o casi todas.
En la esquina de la calle principal aún estaba la casona de la familiaMorteo. Vieja y descuidada, pero parecía tan fuerte como yo la recordaba. Al ver una luz encendida me acerqué a curiosear. ¿Quien podría vivir aún en ese lugar? me sentí atraído y me asomé por una ventana abierta. La sala era, en contraste con la fachada de la casa, acogedora y bastante bien decorada con un refinado estilo algo clásico.
Un hombre joven leía fijamente el periódico. Parecía uno de esos hombres que usan trajes como ropa de diario en vez de reservarlos para eventos especiales; tal vez era un banquero, un político, un hombre de negocios...realmente no me interesaba. Sentada frente a él, una mujer, igual o quizás más joven y bastante atractiva, mantenía la mirada perdida sobre un piano. Estaba inquieta presionando una tecla sin seguir un ritmo en particular. A pesar de su alta clase, su tristeza se reflejaba en sus ojos irritados, que delataban un reciente llanto, pues estaban casi tan rojos como su vestido largo.
Ahora que lo noto, el hombre estaba alterado, lanzaba miradas a la mujer y disimulaba su furia leyendo el periódico. La tensión llenaba cada vez más la sala, hasta que el sonido constante de la tecla terminó por sacarlos de sus casillas. -¡Ya basta!- gritó. La mujer dio rienda suelta a su llanto, intentó responderle con algún reclamo, pero el nudo en su garganta se lo impidió, entonces salió corriendo de la habitación. El hombre continuó leyendo.
Sentí pena por esa pareja. Antes de irme, la sala lujosa, el piano, el hombre, todo había desaparecido al igual que las casas de lámina y las calles de arena. Me quedé contemplando la sala de paredes corroídas de la casa de las ratas, cucarachas y alguno que otro vagabundo. Me retiré de la vieja casona tratando de olvidar los fantasmas del pasado.
RUTINA
Laura Morales Chapa
La habitación, de tan pequeña, ahogaba los sentimientos de ambos. Para George, el único escape de ese nido ahora vacío de risas juveniles, eran las fotos del periódico y las notas de redacción extranjera que lo embotaban y hacían fantasear con lugares lejanos. Ella…siempre silente, y a su lado, tecleaba diariamente las mismas notas musicales en el viejo piano que los acompañaba desde siempre.
De pronto, alguien llama a la puerta…se quedan estáticos, como los personajes de un cuadro…Vuelven a tocar la puerta pero, ninguno se mueve…nadie la abre; luego, escuchan los pasos de ese alguien que se va.
Ellos, permanecen en la indiferencia, y la puerta continuará siempre cerrada a los cambios inesperados y a las sorpresas que dan las rutinas del diario vivir.
Sobre la tristeza de cambiar de dirección en los servicios básicos
Are Blue (Ilse Areli Corrales Rendón)
Are Blue (Ilse Areli Corrales Rendón)
A las 9:30 de la noche, justo a esa hora, abrían la ventana y era feliz, hoy no fue así.
¿Dónde quedó Rajmáninov? Ya eran las 9:48 y no sonaba, entonces me pregunté qué estaba pasando, y observé como quien observa una mariposa de cerca, y se percata lo horrible que es. ¿Qué había cambiado? Del otro lado de la ventana… El bello beso, la brisa, el volar del vestido a causa de las vueltas del baile, su baile, los dedos ente el cabello, la música y la sonrisa que te hace cerrar los ojos… No estaban más.
Bajé mi cabeza, mis manos, ya con agua, lágrimas, no lo sé, llovía demasiado; tan sombrío y triste que sofocaba y dolía, y quería arrancar mi garganta, tapaba mi boca del sollozo, me ahogaba y sentía cómo mi pecho tocaba el suelo. Todo terminó. No había felicidad, ni más Rajmáninov.
No soporté más, cogí mis cosas y me mudé a la siguiente esquina, enfrente de esa casa donde no abrían la ventana.
Tarde de domingo
(imagen sobre papel periódico)
Angélica González Macías
¿Eres tú? Aquí dice que mataste, aquí dice que te atrapó la policía, aquí dice que amas a otro hombre. Seguro que ése te indujo, ése, el que no sale en las fotos, el que es demasiado guapo para aparecer sucio de sangre en compañía de un gendarme cara de mono. El que ahora no piensa sacarte de la cárcel, el que tal vez ya te olvidó.
Sostiene la nota roja entre sus manos, sentado en su sillón favorito -tarde de domingo- congelado, mientras su esposa, a su lado, finge tocar el piano.
Dos paredes amarillas, un vestido rojo, un no silencio. Una imagen conocida sobre papel periódico.
HOY NO QUIERO CONVERSAR,
Marifer Weffru.
La falsa armonía entre nosotros se acentuaba al son de la melodía, la noticia del periódico captaba mi atención al ochenta por ciento, el resto lo tenía mi esposa. Un movimiento en falso y aquella boca viperina se abriría para tratar el mismo tema de siempre. Mientras el piano rugía con su vivaz melodía, la noticia de un asesinato cobraba vida en mi mente, podía imaginar el semblante de la víctima al conocer a su opresor y presintiendo su muerte, el enojo y orgullo herido del asesino al ser atrapado y su triste vida dentro de la prisión.
Las manos de mi esposa, tan ágiles como el guepardo, captaban la esencia de lo que mis ojos leían. Sin duda estaba enojada, y entre más desesperada por hablar estaba, más rápida resultaba la canción, calculaba que dentro de doce notas más conocería el desenlace de las dos historias que vivía en este momento.
Mi monótona realidad la que transcurría ávida en mi mente.
Y sí, no erré, a la docena nota mi esposa ya estaba hablando, y fue cuando me sentí identificado con el asesino de la noticia que leía, la historia de un preso encerrado en una cárcel llamada vida y de un compañero de celda llamado monotonía.
AUSENCIA
AUSENCIA
EDONÉ DORANTES CERVANTES
(MIEDITO)
Les voy a narrar un acontecimiento triste al que nos puede llevar la indiferencia o la ansiedad de tener cosas materiales, como le sucedió Amalia y Enrique una pareja que un tiempo fue plena, vivían en una casa soleada con un gran jardín y una habitación maravillosa en la que repletaban su amor.
Sin embargo, un día, se descubren como dos seres indiferentes: uno lee el periódico, ella toca el piano, cada uno inmerso en su propio pensamiento, aquí se encuentran, que se puede decir….. de una pareja que ha pasado primaveras, veranos, otoños, inviernos amándose, pero ¿qué les ha causado esta separación?
Enrique hombre de negocios atento siempre a las noticias empresariales, la economía mundial, las altas y bajas de la banca, preocupado por aumentar el patrimonio familiar.
Amalia, soñando con los días en que él tenía todas las atenciones, la miraba, la sentía, la escuchaba, la veía, todo era de ella, para ella.
Primaveras pasaron, inviernos vinieron y el sólo quería que la fortuna llegase a sus dominios.
El sol dejo de iluminar sus aposentos, su habitación se oscureció, su sonrisa ya no se escuchó, Enrique sólo se enteró cuando el piano tocaba una melodía que únicamente Amalia tocaba para él, las teclas se movieron en tierno compás, Enrique lloró, lloró, lloró… demasiado tarde, el piano sollozaba, gemía suspiraba, se condolía por Enrique… Amalia ya no estaba…
Así termina una historia de amor…
Orizaba Ver. 4 de Junio de 2013
Amor asesino
Karen Nolsaco Cruz
Toda la gente hablaba sobre aquella pareja enamorada conformada por Enrique y Ana, salían todos los domingos a la plaza Garibaldi, donde ambos se quedaban mirando tocar a su mariachi favorito. Tiempo después, se supo que en esa misma plaza hubo un asesinato sobre una mujer muy joven y bella, escuché rumores de que había sido Ana la protagonista de aquel acto. Por lo cual me propuse investigar.
Llegué a su apartamento, ella abrió la puerta y me presenté como la detective de policía federal, él se encontraba sentado en el sofá; tome asiento y comencé por hacer un pequeño interrogatorio, preguntando primero dónde habían estado el 8 de mayo del presente año, Ana un poco nerviosa mencionó que había estado en casa, Enrique por su parte dijo haber estado todo el día trabajando. Cuando abordé la pregunta sí sabían algo sobre el asesinato de aquella mujer en la plaza Garibaldi, Ana bajo su cabeza y empezó a tocar el piano, Quique tomó un periódico que estaba encima de la mesa de centro, y ninguno se atrevía a contestar.
Los observé por un determinado tiempo, se tornaban nerviosos. Volví a repetir la misma pregunta; por fin Enrique bajó su periódico y se dispuso hablar, dijo haberla conocido, que era una de sus pacientes, y con el tiempo se fue enamorando de ella, pensaba terminar con Ana porque estaba cansado de los celos enfermizos de su esposa, que nunca podía acercársele ninguna mujer sin que ella no armara un pleito, todo el tiempo lo llamaba para preguntar con quién estaba, todos los días iba a verlo a su trabajo, había intentado muchas veces ayudarla pero resultaba inútil… estoy cansado de todo esto dijo, ya no más, quiero el divorcio y alejarme de ti para siempre; en ese momento cuando él pronunció esas palabras, Ana se levantó dando un golpe en las teclas blancas de su piano, volvió hacia él, con una mirada fría y malévola, salieron de su boca palabras que a mí me erizaron la piel -por eso la maté y ahora te irás al infierno con ella- no supe en qué momento había sacado un revolver calibre 45.
Pronto llegó la policía, Ana voluntariamente se entregó, y cuando iba subiendo a la patrulla, le escuché mencionar –si no era mío no iba a hacer para nadie, me quería dejar y eso no lo podía permitir-. Algo perturbador y trágico pensé, teniendo un marido psicólogo y no pudo ayudar a su esposa.
CONTIGO
Marisol Morales Sánchez
Nueve de la noche, Mario termina de cenar. Toma el periódico, se quita los zapatos, y en ese momento se forman dos mundos dentro del cuarto.
Oídos sordos, miradas vacías, sabor a soledad. Ya no existen sentimientos. Difícil comprender cómo la costumbre los ha llevado a fraccionar e ignorar su entorno.
Por otro lado, ella sólo espera el fin de jornada y de ese modo volver a intentar romper la línea que la aleja de su todo.
Ausencia
Ausencia
María de Lourdes Gamboa Carmona
(Malú)
Amor, quisiera sentirte, hace tanto tiempo que te extraño, que los días se me hacen interminables, mi piano y mi música, ya no son consuelo, nada está conmigo desde tu partida.
Nuestro hogar, ¿recuerdas? Tu viejo sillón en el que leías tu periódico, compartías conmigo todo aquello que te interesaba, a veces reíamos y a veces tu enojo por los sucesos…hoy parece tan vacío.
Sólo busco mi sitio para sentirte cerca, saber que estás aquí, el piano me anima a permanecer en ese rincón donde fuimos felices.
No puedo recordar el momento de tu partida, sólo me viene a la memoria una tarde gris, que ensombreció mi vida, y aquél sonido de un golpe en tierra, agudo y frío, cruel y definitivo, que te apartó de mí.
¡Lo único real, es la certeza de no verte más!
No pasó
No pasó
Isis Zavala
Me sentía sola, de esas soledades que hasta carcomen los silencios. Esa tarde hicimos la promesa de vestirnos, prepararnos y salir a darle un nuevo giro a nuestra relación.
No pasó.
Todo el mundo se imaginó que terminaríamos después de la presencia en tu vida de ella. Pero fui criada de otra manera y decidí seguir contigo.
No había pasión, así que vestí mi ansiedad de rojo para seducirte.
No pasó.
Ya nos íbamos. De pronto descubriste lo que yo había ocultado para no lastimar tu ego, ella se casó y supuse que te dolió porque no hiciste ningún comentario; tus piernas no resistieron y caíste de emoción. Esa tarde también usé mi mejor perdón en rojo.
No pasó.
Todo el mundo se imaginó que terminaríamos después de la presencia en tu vida de ella. Pero fui criada de otra manera y decidí seguir contigo.
No había pasión, así que vestí mi ansiedad de rojo para seducirte.
No pasó.
Ya nos íbamos. De pronto descubriste lo que yo había ocultado para no lastimar tu ego, ella se casó y supuse que te dolió porque no hiciste ningún comentario; tus piernas no resistieron y caíste de emoción. Esa tarde también usé mi mejor perdón en rojo.
No pasó.
La vida tras la ventana
Marisol Cid
Inmóvil, siempre inmóvil, observando las teclas de su piano, dos blancas, una negra, dos negras, una blanca, y así la vida se le pasaba, como se pasan las puestas de sol, las cosas extraordinarias de la vida.
El, con un porte intelectual siempre en mano de las noticias, jamás presto atención a lo que sucedía dentro del mundo donde habitaba con ella, le daba importancia igual a cero a ello , solo atendía lo que sucedía en el mundo ajeno a los dos.
¡Qué soledad tan desgarradora! ¡Qué vida tan pobre! Ella sabía que debía irse lo antes posible, pero no lo hacía porque podía sentirse miserablemente sola pero “con el” que no es lo mismo a sentirse sola “sin él”. Su falta de autoestima lograba encadenarla a un sitio donde ya no tenía lugar hace muchos años atrás, quizás nunca había pertenecido a ese nido.
Como existe el blanco y el negro, el sí y el no, ella tenía dos opciones también. Irse para no volver jamás, o quedarse en una vida miserable, y que decir miserable, no encuentro calificativo a permanecer en un lugar donde no existe un corazón, donde no existe respeto ni amor, pero bueno ¿Qué se podía esperar, si ella no se amaba lo suficiente como para alejarse? Pobre mujer, las miradas, los comentarios de las amistades, todo le decía VETE, pero ¿Por qué no se entiende que los sentimientos atan a lugares donde el cerebro dice que ya no eres bienvenido? ¡Qué grandes guerras se viven en el cuerpo de alguien que no se valora! Y aun así, sabiéndolo, dejo tirados los mejores años de su vida, siempre con su vestido rojo, bella pero con una mirada triste, y tratando de sacar una melodía para su soledad, viendo tras la ventana pasar la vida.
La espera
Gerardo Saint Martin
Estaba inmerso en sus pensamientos y en la música que tocaba su esposa , que casi de un brinco se paro del sillón para subirle al televisor cuando cayo en cuenta que estaban por anunciar el nuevo mandato.
La distancia
Hubo un tiempo donde el frío era ajeno a nuestros cuerpos. No juro que fuera la felicidad personificada, más fui un hombre completo... y sé que tu también lo fuiste.
He soñado muchos días (quizás sería más apropiado decir noches, pues abandonadas y tristes son más aptas para inventar fantasmas) con tu figura atravesándome, igual que sombras nocturnas... Probablemente es ese lejano recuerdo, donde me condujiste a tientas por una casa opaca y negra, mientras me enamorabas por primera vez, con esos ojos abiertos y esas manos dormidas. Tantas fueron las cosas que amé en ti.
Noche a noche, sentándonos frente al piano (ni si quiera había televisor, no teníamos televisor, nunca te gustaron las noticias ni los teledramas, eso amé en ti) mirándolo en silencio, como una especie de terapia de reconciliación, ni aún así conseguí deshacer el abismo entre ambos. Espero (sí, aún lo hago) que algún día de entre estos te levantes de mi lado y empieces a tocar Dernière en el piano desafinado de la abuela, no importa que te equivoques, no importa que luego te marches y me olvides, no importa que a la mitad de la pieza tus dedos crujan y llores; comprende que no necesito la eterna distancia, ni la empalagosa compañía. Te necesito a ti, en todo espacio, en todo tiempo.
Necesito tu última distancia, por lo menos... de ti.
Testigo invisible.
Ed MeztizoTodas las noches era el espía perfecto. Ella gustaba de tocar el piano, sublime, deleitable, parsimonioso. Él, leía y releía el rotativo que lo absorbía al grado de ignorar a su bella acompañante. Nunca se dieron cuenta que los acompañaba, que cada tarde era testigo mudo de su inapetente deseo de compartir. Juntos, ellos siempre, pero aislados de sí mismos inclusive. Entré a su mundo y fui compañero invisible de su gran fracaso compartido, de su derrumbe emocional, de su historia de amor finiquitada y ornamentada por notas melancólicas de Chopin y letras irreverentes de Le Monde.
El día libre
Ramón Rosas Caro
¿Qué importaba la noticia que él leía? Fuera la bolsa, los deportes, la política, ella sólo deseaba que saliera para volver a ser libre entre sus cuatro paredes.
Así había sido cada mañana durante los últimos 10 años. Como autista tocaba una y otra vez la misma escala monótona en su viejo piano vertical.
Do, fa, sol, fa, do, y de vuelta al ciclo.
Él balbuceaba números sin escuchar. Ella esperaba el sonido de la campana que anunciaba el adiós cotidiano.
El trolebús la sorprendió en un fa mal colocado. Él se puso de pie y con un beso de agua de mar se despidió. Ella únicamente meneó la cabeza como si asintiera.
Al oír el cerrojo ella dejó correr sus dedos sobre el piano, dejó salir sus sinfonías como si liberase palomas enjauladas.
Una vez más el pasó todo el día escuchándola al otro lado de la puerta.
DETRÁS DE LA PUERTA
Mariana Alicia García Pérez
¿Quién se lo imagina? Al vernos del brazo en aquella fiesta, seguro pensaron ¡Que hermosa pareja! Derrochan ternura, a leguas se nota lo bien que se llevan... ¡No tienen ni idea de lo que sucede al cerrar la puerta!
El vestido rojo, un poco coqueto, de líneas sencillas ceñidas al cuerpo, ese gran escote enmarcando mi rostro, seda sugestiva envolviendo una silueta dormida que en silencio intentó gritarte ¡lo mucho que te necesita!. Ay de mi perfume que quiso embriagarte, turbar tus sentidos y poder entregarte, todo este fuego contenido en mi pecho, un pecho añorando el placer de amarte.
¿Quien lo hubiera dicho? Hace ya algún tiempo tú en mi regazo… yo tocando el piano, buscabas mis manos, besabas mis labios, ¡qué bellos momentos… los extraño tanto! Todo, todo se quedó en dulce promesa.
Ni el vestido rojo, ni el perfume caro rompieron el muro que se había levantado y yo, en el silencio, acaricié mis manos reviviendo el pasado, sintiendo el vacío de tu ausencia aun estando a mi lado.
Sólo la ventana fue mudo testigo, del fracaso rotundo de la fragancia y de mi fiel vestido.
(Farfán)
Dentro del espacio que acostumbramos a reunirnos todos las tardes esté, se vuelve solitario, rutinario, donde la ventana que nos acoge es fiel testigo y espía que nos vigila.
Con el paso del tiempo, me concentro en leer las hojas del diario. Escuchó la brisa del aire que penetra por la ventana, ¡cómo añoro perturbar ese tiempo! y volverlo mágico, para despertar el espíritu de mi amada y regresar a nuestra primera vez de hace 20 años.
Sólo escucho el ruido del aire, el replicar de algunas teclas del piano y el desánimo de mi amada.Viviendo, este momento, este tiempo, como anhelo regresar al primer día para iniciar una nueva vida.
La renuncia
Iván Osorio Pérez
Ahora ya no sé qué hacer, contemplo el diario, no lo leo, lo leí temprano en el trabajo, pero no puedo, no quiero hablar contigo. Mientras tú, juegas con la música, repites la misma tecla, do sostenido, algo triste, ahora tenemos un fondo, tenemos el tiempo, nos tenemos. Suspiras, esa manera sutil de decir: estoy frustrada. Veo una imagen en el diario, el caballo Thunder acaba de ganar la carrera de Kentucky, los caballos, el campo, nosotros caminando, el olor a bosque… Regreso, suena una nota distinta, me miras de reojo, el aire huele aún a tu perfume.
Entonces de mi boca empiezan a salir palabras amontonadas, palabras que evocan nuestra bella historia y que se mueren ante la radiografía del presente: me voy. Tú sonríes, ya no hay tristeza. Empiezas a tocar en serio.
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Buen día Compañer@s, gracias por compartir sus cuentos, supongo que en breve se subirá el mío y espero entonces sus comentarios. Y bueno, como de eso se trata aquí van los míos,
ResponderEliminar1) Ausencia, no me queda claro que sea un cuento, me parece más una epístola o una prosa poética, rico en imágenes, yo lo terminaría en el cuarto párrafo, es decir, quitaría la última línea.
2) No pasó, bien logrado, la síntesis no se pelea con la abundancia de imágenes. Buen manejo de la tensión y un final muy realista.
3) La vida tras la ventana, pienso que el manejo de la dualidad en la escena al mismo tiempo le da respaldo al texto y lo hace un poco confuso y tedioso, no sé si esta percepción sea por mi dislexia o sea general, supongo que ya se verá en los comentarios de los demás.
Saludos y nos vemos el martes.
Yo aplaudo a quienes han aportado. Los comentarios, objetivos, subjetivos, buenos, malos o regulares podrían venir sobrando.
ResponderEliminarSaludos
Ed Mestizo
Gracias por los comentarios de No pasó, aprecio que se tomen el tiempo. Nos vemos el martes. Saludos escritores míos.
ResponderEliminarBuenas noches estimados compañeros, muchas felicidades por sus trabajos y muchas gracias por compartirlos.
ResponderEliminarMalú, todo hermoso, en especial esta frase ¡Lo único real, es la certeza de no verte más!.
Isis Zavala, ¿cuántas veces simplemente No pasa?...¡Felicidades!
Marisol: La vida tras la ventana... Interesante, hermoso...real...
Perdón por no enlistar a todos, realmente son emotivos algunos en voz de ella, otros en voz de él... la ventana, la puerta, el piano, el vestido rojo, el periódico....
Nuevamente gracias.
¡Felicidades! a todos los compañeros de este diplomado, cuentos muy hermosos, aunque algunos parecía que estaba más leyendo una poesía, sin embargo, un gran trabajo por parte de todos ustedes, espero de igual forma comentarios. Karen N.C.
ResponderEliminarVIERNES POR LA TARDE
ResponderEliminarJosé lee el periódico, Eva lleva puesto ese vestido rojo que tanto le gusta, toca el piano, melodías tristes salen por la ventana de la sala, sus notas van en aumento conforme aumenta su impaciencia, José muy concentrado en la lectura no se distrae en lo mínimo, finalmente termina la pieza y sale al exterior de la casa.
JORGE BARAHONA V.
Miedito me hizo sentir profunda nostalgia
ResponderEliminarGrandes cuentos :) felicidades a todos
ResponderEliminarfelicidades primero por compartirnos y despues por un buen inicio y nos vemos el lunes.
ResponderEliminar